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Historia de cómo los novatos vieron aparecer a un zombie.

Fri, Apr 7 2017 06:09pm CEST 1
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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Os voy a contar una pequeña anécdota que me pasó en mi servicio militar.

Si no recuerdo mal eran mediados de junio o julio del año 1985. Toda nuestra compañía de telefonía del RMING 1 debíamos que acudir de maniobras al desierto de los monegros por un periodo aproximado si no me falla la maldita memoria de quince días.

En aquella época teníamos como equipamiento dos trajes de faena, aunque yo solo disponía de uno en condiciones, ya que el otro lo había dejado en mi casa para que mi asistenta personal (Mi madre) lo lavara.

Así que con esa única muda me dispuse a realizar la ruta desde Madrid hasta los Monegros con el resto de mi compañía. El viaje transcurrió sin incidencias destacables, igual que las maniobras. Los que hayáis servido como ingenieros de transmisiones ya sabréis que nosotros pocos “barrigazos” dábamos, sin embargo si teníamos que montar antenas y equipo para asegurar las comunicaciones de las tropas.

Poco a poco el traje de faena se iba ensuciando al mismo tiempo que mi barba iba creciendo.

Cuando llevábamos aproximadamente en el desierto diez días, se me acercó sigilosamente el más temido brigada de todo el regimiento.

—Morales, el teniente quiera hablar contigo —exclamó el brigada Monroy.

“Dios, ¿En que habre metido la pata? —me pregunté”.

Nos faltaban tan solo cinco días de maniobras, y como premio a nuestra llegada al cuartel nos esperaba un suculento permiso. “Me quedo sin el —me dije”.

—A la orden mi teniente —dije en tono firme tras la sombría caminata que me pareció interminable.

—El brigada y yo tenemos que partir hacia Madrid ahora mismo, recoge tu equipo y prepara un vehículo, nos vamos —ordenó el teniente Castello.

Bueno, no sonaba mal del todo. Me libraba de terminar las maniobras, y di por seguro que al llegar al RMING debido a que nuestra compañía estaba cerrada, me concederían inmediatamente el deseado permiso.

Emprendimos el camino de regreso a las 19:30 horas. Tras una hora de viaje, hicimos una parada en Calatayud. El teniente me ordenó aparcar el Land Rover en una plaza y me informó que debía vigilar el vehículo mientras ellos se iban a cenar. Al cabo de unos minutos observé aparecer desde la distancia con paso rápido y portando un extraño paquete al brigada Monroy.

—De parte del teniente —me dijo sin más dándose la vuelta y despareciendo tan rápido como había llegado.

No podía creérmelo, me encontraba ante un suculento bocadillo de Jamón de jabugo. “Esto es lo mejor que he comido en semanas —pensé tras darle los primeros bocados”

Continuara…

Fri, Apr 7 2017 08:47pm CEST 2
Javier 7º80 (Administrador)
Javier 7º80 (Administrador)
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Resultado de imagen de bocadillo de jamón y land rover
Ya que te obligáron a quedarte vigilando el Land Rover mientras ellos se ivan a cenar me parece que acercarte un bocadillo es lo mínimo moralmente que podían hacerte.
Fri, Apr 7 2017 08:51pm CEST 3
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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Resultado de imagen de bocadillo de jamón y land rover
Ya que te obligáron a quedarte vigilando el Land Rover mientras ellos se ivan a cenar me parece que acercarte un bocadillo es lo mínimo moralmente que podían hacerte.

Ya. Pero era del bueno. Todo un detalle.

Buena foto, y a estas horas..Tongue out

Thu, Apr 20 2017 03:13pm CEST 4
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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En episodios anteriores….

No podía creérmelo, me encontraba ante un suculento bocadillo de Jamón de jabugo. “Esto es lo mejor que he comido en semanas —pensé tras darle los primeros bocados”

Capitulo II

Tras un periodo que no debió superar el par de hora, aparecieron visiblemente “Alegres” la pareja de mandos, y tras subir al vehículo me ordenaron continuar la ruta hacia Madrid.

Aquellos viejos trastos militares no llevaban aparato de radio civil, por lo que tras unos breves instantes de conversación, tanto el brigada como el teniente comenzaron a acurrucarse en sus asientos en busca del ansiado descanso “Como los envidió —pensé”.

El ronroneo de motor era hipnótico, y el calor de la calefacción, que me habían obligado a encender, no ayudaba para crear un clima de vigilia. Tras unos cuantos cientos de kilómetros y con el caer de la noche, el viaje se me estaba haciendo eterno. En alguna ocasión, y sabiendo que es algo que no se podía hacer, llegué a cerrar los ojos por espacio de breves milisegundos, pudiendo ser el causante de un accidente. Recuperé la compostura como pude y bajé un poco mi ventanilla. El aire fresco nocturno me supo cómo un manjar de dioses.

—Morales, ¿Pero qué narices haces? —increpó el teniente Castello despertando de su letargo.

—Perdón mi teniente, es que se me están cerrando los ojos —le respondí.

—Vamos, vamos, no me seas marica. Sube la ventanilla que hace un frio de cojones.

No me quedó más remedio que cumplir aquella orden, sin embargo me cuestioné que actitud era más “marica”, si dejar entrar el aire para no dormirme en un servicio, o dormir y quejarse como un nenúfar friolero.

Tuve que tomar fuerzas de lugares insospechados del interior de mi ser. Las luces de los coches con los que me cruzaban me deslumbraban como si se tratase del grandioso faro de Alejandría, y la musicalidad de sus ronquidos no ayudaba para continuar la travesía.

De pronto, algo alegro mi alma, ese bello cartel de “Madrid 10 km” me indicaba que la insufrible odisea estaba llegando a su fin.

Continuara…

Thu, Apr 20 2017 03:22pm CEST 5
Alex Gonzalez 2º91       (adm. de usuarios ,perfiles ,foros  y secciones .)
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Buena anecdota Oscar , que buenas batallitas tenemos jajaja ,que sera lo de nuestra mili , que nos ponemos a recordarlo y nos vienen las imagenes mas frescas que si pensamos lo que comimos ayer .
Thu, Apr 20 2017 03:31pm CEST 6
Alex Gonzalez 2º91       (adm. de usuarios ,perfiles ,foros  y secciones .)
Alex Gonzalez 2º91 (adm. de usuarios ,perfiles ,foros y secciones .)
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Tengo batallitas con estos impresentables jajaja es broma son grandes amigos , para hacer un libro , la 22 unidad era un hervidero de vida y anecdotas, ya las ire contando, mirad como se transportaba a los que se les iba la mano con los cubatas o cervazas , XD que historias .

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Thu, Apr 20 2017 03:53pm CEST 7
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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Jajajajaja. Pues si.

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Thu, Apr 20 2017 04:02pm CEST 8
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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Thu, Apr 20 2017 04:51pm CEST 9
Oscar Morales 7º84
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En episodios anteriores….

De pronto, algo alegro mi alma, ese bello cartel de “Madrid 10 km” me indicaba que la insufrible odisea estaba llegando a su fin.

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Capitulo III

“El descanso del Guerrero”

Eran altas horas de la madrugada. Tras pasar la barrera que nos daba acceso al RMING 1, pude observar el silencio y la quietud de un dormido cuartel.

—Bueno Morales, vete a la segunda compañía de zapadores que es la única que está abierta. Todas las demás permanecerán cerradas hasta que las tropas vuelvan de las maniobras. Nosotros nos vamos a las dependencias de oficiales, mañana vienes al cuerpo de guardia y te presentas a mí. Buenas noches —ordenó el teniente.

Me dispuse a aparcar el Land Rover, y tras ello entre en la compañía. El imaginaria casi toca el techo del sobresalto que se llevó ante mi inesperada aparición.

—Joder tío, menudo susto me has pegado. ¿Qué haces aquí? —me preguntó.

—Pues ya ves, que me he traído a un par de jefazos desde Zaragoza, y me han dicho que venga a dormir aquí un rato ya que mi compañía está cerrada —respondí escuetamente sin apenas mirarle mientras sacaba de mi bolsillo el ultimo Lucky Strike que me quedaba y lo encendía dejándome caer en la primera sucia litera que encontré a mi paso.

Alumbrado con la tenue luz rojiza de la compañía y que hacía juego con el tono carmesí que emanaba de mi cigarrillo, pude observar a un par de veteranos jugando a las cartas dado que por lo visto el insomnio no les dejaba pegar ojo. Alguno entraba y otro salía de la estancia en un devenir se soldados que se dirigían a alguno de los pocos servicios que en ese periodo se requerían en el acuartelamiento. Por fin gracias a los dulces pensamiento de mi próximo permiso que empezaría en cuanto llegara el amanecer, y a mi inusual cansancio, me vi conducido sin remedio a los dulces brazos de Morfeo. “Mañana será otro día —me dije mientras mi sonrisa era sustituida por un bostezo que confirmaba que mi cuerpo sucumbía a la oscuridad”.

Continuara…

Thu, Apr 20 2017 08:38pm CEST 10
Alex Gonzalez 2º91       (adm. de usuarios ,perfiles ,foros  y secciones .)
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Muy buen vídeo Oscar jaja y tu relato me encanta .
Thu, Apr 20 2017 09:02pm CEST 11
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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Muy buen vídeo Oscar jaja y tu relato me encanta .

Gracias Alex, y aún faltan capítulos...jajaja.

En cuanto al vídeo, es buenísimo. Somos nosotros dentro de 30 años.

Me encanta lo de que le dieron los galones de cabo directamente...si sabemos de dónde vienes,sabemos que eras un flecha...jajajaja.

Que grande la OJE

Fri, Apr 21 2017 12:05pm CEST 12
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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En episodios anteriores…

Por fin gracias a los dulces pensamiento de mi próximo permiso que empezaría en cuanto llegara el amanecer, y a mi inusual cansancio, me vi conducido sin remedio a los dulces brazos de Morfeo. “Mañana será otro día —me dije mientras mi sonrisa era sustituida por un bostezo que confirmaba que mi cuerpo sucumbía a la oscuridad”.

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Capitulo IV

“La Noticia”

El alba despunto temprano aquella mañana, por lo menos eso me pareció a mi debido a las pocas horas de sueño. Me dispuse a ir a los baños de la compañía para intentar acicalarme un poco. Al llegar, un gran espejo me devolvió una imagen de lo que parecía un soldado veterano, curtido por el tiempo y la experiencia. Aquella figura era triste, se veía cansada, mejor dicho agotada, con una incipiente barba que se dibujaba en el sucio rostro, y unos cabellos que ya se podrían considerar como demasiado largos según el reglamento militar. Tampoco ayudaba el lamentable aspecto de la raída ropa de faena, que aparte de gastada estaba francamente sucia por aquellos días pasados a la intemperie.

—No te esfuerces amigo, por muchas vueltas que le des al grifo no saldrá ni una gota de agua —dijo un soldado que intentaba afeitarse a pelo como un auténtico Cowboy.

—No me digas, ¿Han cortado el agua? —pregunté.

—Sí, están intentando arreglar una avería —me contestó.

Empezaba bien el día. “Espero que no sea una señal de mal presagio —deseé”.

Opte por la estrategia de la limpieza gatuna, e intente alisar todo lo que puede el arrugado traje verde oliva, para dar la mejor imagen posible, y tras ello me dirigí con paso alegre al cuerpo de guardia. Tras cruzarme con algún mando y varios soldados y realizar los saludos militares de rigor, llegue a la puerta de la oficina donde se encontraba el teniente.

—A la orden mi teniente, ¿Da su permiso?

—Ah, ups, sí. Pasa, pasa Oscar —exclamó el oficial.

¿Oscar, Oscar en lugar de Morales?, Aquello me dio muy mala espina. Ese nuevo tratamiento familiar no me sonó nada bien. Desde pequeño siempre he creído que cuando alguien se dirige a ti muy suavemente es que lo siguiente que escucharas, no te va a gustar.

—Lo lamento, tengo malas noticias —me dijo.

—Usted dirá, mi teniente —agregué yo temiéndome lo peor.

—veras, no es cosa mía de verdad, pero de momento se aplaza tu permiso, tienes una nueva misión —me dijo con tono apesadumbrado, y la verdad es que parecía completamente sincero.

Me explicó que por orden del coronel, ya que en el regimiento solo quedaba yo como conductor disponible, debería acompañar a un grupo de soldados que tenían un servicio en un polvorín del que no recuerdo el nombre, y al que por lo visto debían turnarse contingentes militares para su salvaguarda cada periodo de quince días. Mi función era darles soporte con mi vehículo que estaba equipado con una unidad de radio, y las comunicaciones con el arsenal eran sumamente importantes durante la vigilancia, y más en ese periodo en que mi regimiento estaba oficialmente amenazado por la banda terrorista ETA.

—A la orden mi teniente —dije resignado dando un taconazo.

—Te marchas ya, pero tranquilo cuando vuelvas te vas de permiso, te doy mi palabra —añadió el teniente Castello.

Bueno, nunca había faltado a ella, si de él dependía, eso era más cierto que el que leche es de color blanco. “Si hay que cumplir, hay que cumplir —pensé”.

Salí de la estancia, el sol irradiaba ya con toda su fuerza, ciertamente pese a la noticia era una bonita mañana. Me dirigí con paso, esta vez menos alegre a buscar mi vehículo para colocarlo en la última posición del convoy que soldados apresurados y mandos gritando ya estaban preparando.

Continuara…

Sat, Apr 29 2017 05:21pm CEST 13
Oscar Morales 7º84
Oscar Morales 7º84
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Salí de la estancia, el sol irradiaba ya con toda su fuerza, ciertamente pese a la noticia era una bonita mañana. Me dirigí con paso, esta vez menos alegre a buscar mi vehículo para colocarlo en la última posición del convoy que soldados apresurados y mandos gritando ya estaban preparando.

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Capítulo V

El polvorín.

Los vehículos se pusieron en movimiento tras la orden del oficial al mando. Apreté el acelerador de mi Land Rover que era el último de la formación. Las puestas del cuartel se cerraron tras de mi tan rápido, que no tuve tiempo de divisarlo a través del espejo retrovisor.

— ¿Cómo te llamas? —me preguntó el soldado que me acompañaba en ese viaje.

—Oscar, ¿Y tú? —.

Durante el tiempo que duró el trayecto, y después de hacer las presentaciones de rigor, hablamos de nuestros lugares de procedencia, de nuestros destinos en el cuartel, y más temas personales. Pese a conocerlo de vista, posiblemente en lo que llevábamos de mili, habríamos cruzado como máximo dos palabras, pero durante los próximos quince días, seriamos nuevos compañeros de mili. Aquella sensación me produjo un escalofrió, era como comenzar de nuevo el servicio militar. Nuevos amigos, y un nuevo destino incierto, rumbo a unas dependencias, que ni conocía, ni tenía ganas de conocer.

Nos cruzamos con pocos vehículos civiles, estaba siendo una travesía muy tranquila, y sin sombra de amenazas. “Imagino que el peligro estará en el polvorín, no en el camino —me dije a mi mismo, consciente de que estar amenazado por ETA, no era ningún juego”.

No transcurrió más de media hora cuando llegamos a nuestro destino. Una estancia semienterrada, y un pequeño y austero chalet que hacia las funciones de residencia de los soldados que custodiaban las instalaciones. Todo ello rodeado por alambradas y pequeñas torres de vigilancia.

El cambio de guardia se hizo sin ningún tipo de ceremonia ni protocolo. Al bajar del Land Rover solo pude ver la nube de polvo que dejaban los vehículos de la guardia saliente al marchar a toda velocidad.

— ¿Parece que llevan prisa, no Morales? —Dijo el capitán Martínez que se estaba sacudiendo la arena de los pantalones con su gorra de faena.

—Si mi capitán, por lo visto no lo han pasado muy bien estos días —le dije bromeando, a lo que él me respondió tan solo con una amplia, y franca sonrisa.

Conocía al Capitán de visitar en alguna ocasión nuestra compañía, y por mi trabajo en oficinas como furriel, habíamos mantenido cortas conversaciones. En alguna me confeso que era socio de FC Barcelona, pensando que eso me haría gracia, ya que yo era de Barcelona. —El mejor club de España, ¿A que si? —Me preguntaba.

Nunca le confesé que en realidad a mí el futbol me importaba un pimiento. Si para él, eso nos daba algún tipo de comunión espiritual o complicidad, no sería yo quien se lo desmintiera.

Entramos en aquella estancia, repartiéndonos entre los soldados las mugrientas literas del chalecito. La mía estaba justo al lado de un fuego a tierra que en otras épocas del año debería servir para calentar a la tropa, resguardándola del frio invernal de la sierra madrileña. Sin embargo en aquellos días, solo servía como contenedor de periódicos antiguos, y colillas de cigarrillos.

La noche llegó, todo estaba en calma, habíamos cenado sopa caliente, y algo de fiambre. El primer turno de la guardia nocturna acababa de salir para tomar sus posiciones. “Un día menos para mí permiso —pensé”.

Estaba dispuesto a acostarme, mi estado de ánimo era relativamente bueno, y pese a estar sucia la manta, el colchón era bastante cómodo. De pronto ocurrió lo que todos temíamos.

— ¿Qué cojones está pasando? —gritó el capitán saliendo de su estancia.

Estábamos asustados, el que se hubiese cortado la luz dejándonos a oscuras, no era una buena señal.

Continuara…

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