El valor ante la crisis de valores
Los versos de Calderón resuenan en nuestros oídos: «Aquí la
más principal hazaña es obedecer, y el modo cómo ha de ser es ni
pedir ni rehusar. Aquí, en fin, la cortesía, el buen trato, la
verdad, la fineza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito,
la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la
obediencia; fama, honor y vida son caudal de pobres soldados, que
en buena o mala fortuna la milicia no es más que una religión de
hombres honrados». Alguien recuerda aquel artículo 12 de las
Ordenanzas de Carlos III, aún vivo: «El militar cuyo propio honor
y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco
para el servicio; el llegar tarde a su obligación, aunque sea de
minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos de las
fatigas que le corresponden y el contentarse regularmente con
hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante
cosa alguna, son pruebas de gran desidia e ineptitud para la
carrera de las armas».
¿Es esto «lo militar»? SÍ, es «lo militar». Tradición y valores,
servidores de sus ciudadanos, así son los militares hoy como
antes, poniendo el servicio a sus compatriotas por encima de
cualquier otro objetivo hasta el límite de entregar su vida por
ellos, por su defensa y seguridad, así lo juramos, y esta
decisión, disposición y actitud está enmarcada por los valores
que cultivamos y defendemos, valores y tradición, tradición y
valores.
Tres son los elementos que conforman la espina dorsal de estos
valores, caracterizan a las Fuerza Armadas y en nuestras vigentes
Reales Ordenanzas, al igual que en las anteriores, constituyen
nuestra esencia.
Disciplina, obedecer lo mandado. Sólo eso, pero nada menos que
eso. La disciplina que en las Fuerzas Armadas se inculca y se
practica puede exigirnos el mayor de los sacrificios, obedecer si
fuese preciso hasta entregar la propia vida, y eso marca una
notable diferencia con la disciplina en otros ámbitos. Pero esa
obediencia no es ciega, no se buscan autómatas, se quieren
soldados de cuerpo y alma. Esta obediencia obliga a mandar con
responsabilidad, con la clara conciencia de que existen límites
marcados por la dignidad de la persona, el ordenamiento legal y
el derecho internacional de los conflictos armados. Por todo
ello, es fácil comprender que si difícil es obedecer, mucho más
resulta mandar, pues además de la responsabilidad que conlleva el
mando, siempre se obedecen y asumen órdenes o preceptos
superiores.
En este esquema de mando y obediencia es necesario que cada uno
sepa el puesto que ocupa en el seno de las Fuerzas Armadas, y eso
lo establece el orden jerárquico. La jerarquía define nuestra
situación relativa en cuanto a mando, subordinación y
responsabilidad.
Sólo falta el tercer elemento, el que hace que en lugar de un murmullo desafinado podamos constituir un coro armónico, la Unidad. Unidad es asumir solidariamente nuestro objetivo en común. Para ello debe importarnos lo que le pase al compañero, lo que le ocurra al superior, lo que le suceda al subordinado. Y nos incumbe y preocupa, pues todos somos uno y porque nuestra fuerza está en el conjunto, no en el individuo, el compañerismo se convierte en objeto de culto entre nosotros, compañerismo hacia los del mismo empleo, pero también una profunda lealtad con nuestros superiores y subordinados, esta última, en ocasiones, más difícil de practicar que la primera, lealtad que obliga a una relación clara, sincera, crítica y siempre sujeta a la disciplina.
Disciplina, orden jerárquico y unidad. En estos tres conceptos
estriba la diferencia, el valor añadido de unas Fuerzas Armadas
como las nuestras, que sirven cada día a todos los
españoles.
¡Ya lo decía Calderón!: «Aquí la necesidad no es infamia; y si es
honrado, pobre y desnudo un soldado tiene mayor calidad que el
más galán y lucido; porque aquí a lo que sospecho, no adorna el
vestido al pecho, que el pecho adorna al vestido. Y así, de
modestia llenos, a los más viejos verás, tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos».
Fernando García Sánchez,
Almirante Jefe de Estado Mayor de la Defensa

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