La Operación Castalia consiste en simular que Castellón es un país del norte de Europa, denominado Castalia, que entra en confli
By Juan B. Viñals Cebriá 1º49La Operación Castalia consiste en simular que Castellón es un país del norte de Europa, denominado Castalia, que entra en conflicto con una nación vecina
Noticia facilitada por José Antonio Arbizu ex soldado del Regimiento Infantería Mecanizada 14 en Castellón de la Plana.
“El subdelegado del Gobierno en Castelló Comunitat Valenciana ), David Barelles, dio ayer la bienvenida a los treinta alumnos y siete profesores de la Academia Logística del Ejército de Tierra de Calatayud (ACLOG) que, desde el martes y hasta hoy, se encuentran en la capital de la Plana realizando un ejercicio práctico.
Los alumnos de la ACLOG que participan en la denominada "Operación Castalia" mantuvieron en la Subdelegación del Gobierno un encuentro con diferentes representantes de las administraciones locales, provinciales, autonómicas y estatales para poder llevar a cabo esta práctica didáctica.
El subdelegado del Gobierno, David Barelles, destacó "el elevado grado de responsabilidad y profesionalidad de los hombres y mujeres del ejército en el desempeño de su trabajo", al tiempo que ha deseado a los alumnos que su estancia en Castelló "sea provechosa y fructífera para el desarrollo de su carrera militar".
La Operación Castalia consiste en simular que Castelló es un país del norte de Europa, denominado Castalia, que entra en conflicto con una nación vecina. El ejército español forma parte de una coalición multinacional que actúa bajo los auspicios de una resolución de Naciones Unidas con misión de apoyo a la paz.
En este contexto, la sede de la Subdelegación del Gobierno es la autoridad estatal del país Castalia a la que acuden los militares para obtener información sobre instalaciones, infraestructuras y dependencias lo que les permitirá llevar a cabo la misión de sostenimiento logístico. Durante el ejercicio de ayer, los alumnos interesaron por las capacidades logísticas de la ciudad de Castelló, preguntando a los representantes institucionales por cuestiones relacionadas con temas sanitarios, como el abastecimiento de camas hospitalarias o posibles plagas, zonas de almacenamiento de explosivos o habilitación de terrenos municipales para campamentos”.
Pues sí. Ya hemos llegado a los 10.000.
By Marcel (Administrador)Aun recuerdo aquella llamada de Fernando una tarde de viernes , de hace ya algún tiempo y en la que me propuso una idea que tenía en mente basada en un proyecto que por aquel entonces ya teníamos en marcha por otros lares. Lo que me proponía con su llamada era una idea potencialmente arriesgada por ser innovadora pero en la que creímos desde el primer momento y en la que, desde luego, no escatimaríamos trabajo, empeño e ilusión. De lo que no tenía duda era de la capacidad técnica de Fernando para llevar a cabo aquello que teníamos pensado y articularlo en la pantalla de un ordenador. De eso estaba, como lo estoy hoy, segurísimo.
No fue fácil empezar, más bien todo lo contrario, ello nos costaba muchas horas de trabajo, no pocos contratiempos y muchas ganas por parte de algunos de desmerecer y querer derribar este proyecto movidos por una envidia tan infantil como corrosiva. Pero poco se esperaban la inmediata puesta en marcha y el arranque de www.amigosdelamili.com y menos aun de la manera en que lo hizo, es decir, con un formato puntero, enmarcado en una red social y con diferentes apartados como los Foros, los artículos propios, el chat, las secciones audiovisuales, etc.… En definitiva una web pionera cuyo objetivo último era facilitar el reencuentro entre aquellos compañeros que hicimos el Servicio Militar Obligatorio y sin ningún ánimo de lucro.
Y así ha sido. Hoy www.amigosdelamili.com es una web de referencia y, según los últimos datos que poseemos, líder en el ámbito militar, con 10.000 usuarios registrados, 31.000 documentos audiovisuales y con más de 22.000 visitas diarias lo cual es un hito en este tipo de páginas. Por ello necesitábamos incorporar al staff nuevos moderadores. Los fichajes de Javier, instructor de los Foros e infatigable actualizador de datos y de José Luis, asturiano de los buenos e implacable en el control y edición de perfiles, fueron sin duda un gran acierto. Se incorporaron a este equipo y con su inestimable labor y apoyo han ayudado a encumbrar, más aun si cabe, nuestro proyecto. Sin embargo, y en esto estamos de acuerdo todo el equipo de Administración, ello no habría sido posible sin nuestros miembros, sin vosotros, ya que sois el alma y el corazón de esta página. No quiero nombrar a nadie en particular por qué, sin duda, olvidaría algún nombre y ello sería imperdonable, pero una vez más os doy las gracias por compartir con nosotros esos recuerdos imborrables de, nuestra ya lejana , “mili” y por supuesto un cariñoso recuerdo a aquellos que ya nos han dejado pero que fueron y siguen siendo parte de esto. Gracias de corazón a todos y a por los 20.000 compañeros.
Círculo cerrado
By Marcel (Administrador)Destrucción y odio entre vecinos de toda la vida". Así recuerda el teniente coronel Pedro Belmonte, de la Brigada de Caballería Castillejos II (BRCII), el panorama bosnio hace 20 años, cuando la unidad aragonesa, a la que luego se unirían otras como la AALOG 41 o Pontoneros, llegó al país. Para el Ejército español moderno era el debut internacional, una "escuela de misiones" de cara a Kosovo, Afganistán o Irak. Un examen pasado con nota, en un territorio devastado por un conflicto de raíces profundas pero de mecha rápida.
Con la muerte de Tito, el estado multiétnico y artificial creado tras la Segunda Guerra Mundial perdía cohesión. Los serbios, con Milosevic a la cabeza, eran reticentes a perder el liderazgo ante los independentismos bosnios y croatas. Los bandos se radicalizaron, agitando diferencias religiosas e incluso "cambiando el idioma" para diferenciarse. Tras un conato en 1991, con el autoproclamado estado de Bosnia Herzegovina, los serbios vieron la excusa para comenzar la última guerra civil europea.
Es un aspecto que destacan los militares de Castillejos, como el comandante Luis Joven o el capitán Julio Vizoso. "La relación con la población era más fácil, quizá porque tenías un vínculo cultural europeo. Pero te da escalofríos ver así a un país que antes era parecido España".
Cuando llegaron los españoles --en primer lugar la Legión--, bajo el paraguas de la ONU, aún quedaban tres años de guerra. Un periodo en el que tuvieron que limitarse a escoltar los convoyes humanitarios y proteger a detenidos y civiles, sin poder intervenir salvo por autodefensa. El hoy capitán Vizoso estaba al mando de un pelotón de escolta de convoyes por el pasillo de la muerte de Croacia a Sarajevo. Un camino en el que igual "te tenías que pegar horas esperando en un check-point de algún ejército, mientras hacían algo que no querían que vieras". Por aquel entonces solo se sospechaba la limpieza étnica.
Toda precaución era poca. "En el derruido bulevar de Mostar, una calle como el paseo de Calatayud, se disparaban de un lado a otro. Incluso más tarde no querían arreglarlo para no verse", cuenta el brigada Ibáñez.
IMPROVISACIÓN Los militares españoles aprendieron a improvisar puestos en cuarteles del antiguo ejército yugoslavo --los serbios que los abandonaban aplicaban la técnica de Atila--, campos de fútbol, campings o fábricas. "Las misiones siguen siendo duras, pero con las instalaciones actuales casi da risa que algunos se quejen de las condiciones", ironiza el comandante Joven, recordando "meses durmiendo en sacos y literas". Aunque también había momentos buenos, como San Paqueto --la llegada del correo--, tomarse una pizza o atreverse con la comida local, como el cordero.
Desde 1995, con los acuerdos de paz de Dayton, tocaba arremangarse y comenzar a terciar en la pacificación y desmilitarizacion del país, primero bajo mandato de la OTAN y luego de la UE. Un plan por fases, como resume el teniente coronel Belmonte. "Se establecieron unas medias de confianza. Los ejércitos en conflicto declaraban sus posiciones y armas, y se estableció un pasillo de seguridad. Se puso una fecha para volver a los cuarteles desde el frente y permanecer allí".
Fueron años de duro trabajo hasta pacificar y abandonar el país, en el 2010. Más aún con la experiencia de constituir un batallón hispanofrancés. Según el comandante Joven, la misión "ayudó a perder complejos. Al desplegar con fuerzas internacionales, ves que estás al nivel".
CARÁCTER Mientras serbios y bosnios se iban autocontrolando con sus fuerzas de seguridad, los soldados de la Castillejos iban tirando de carácter para ganarse a la población. "Era un equilibrio complicado, tenías que llevar a cabo proyectos civiles (reconstruir escuelas, puentes...) con todas las etnias, no discriminar".
Mientras, realizaban campañas informativas sobre el peligro de las minas o los blindados y terciaban ante la tensión, recuerda Ibáñez. "Un teniente serbio cuyo puesto había que inspeccionar se puso muy nervioso ante las órdenes de dos soldados estadounidenses. Al llegar, les convencimos para que salieran, le tranquilizamos e inspeccionamos el puesto. Los españoles tenemos mucha empatía", señala el brigada.
Fruto de ello surgieron de hecho algunos matrimonios, pero fueron más importantes las relaciones con los soldados y la población civil. "Aprendías algo de su idioma, pero realmente ellos sabían mucho español por las telenovelas", recuerdan. Veinte años de trabajo han conseguido que, hoy, los serbios cooperen en misiones internacionales.
http://www.elperiodicodearagon.com/noti ... 54629.html
Las 5 razones para retirarse del Líbano (cuanto antes)
By Marcel (Administrador)
CONTEXTO: Tras la guerra entre Israel e Hizbolá en el verano de
2006, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió incrementar la
misión UNIFIL, que data del año 1978. España, con José Antonio
Alonso como ministro, se comprometió desde el principio con un
millar de efectivos. Parecía ser la contrapartida de Zapatero a
la comunidad internacional por la abrupta salida de Irak. Era
todavía época de "boom" económico. Casis seis años después... ¿es
necesario continuar en la misión?
1. LA MILITAR: Nos lo confesó un alto mando militar español al
grupo de periodistas que hicimos la última visita de turno al
Líbano con el ministro Pedro Morenés en enero. “La misión se
podría empezar a adelgazar. La vigilancia que se hace ahora se
puede hacer con menos militares”. Más claro, imposible.
2. LA ECONÓMICA: España prevé gastar en 2012 unos 173,8 millones
de euros frente a los 170,5 millones del pasado año. Con la
estrechez presupuestaria existente, sería mejor destinar esta
partida a capacidades prioritarias. España, con una inversión del
0,59% del PIB en Defensa, no puede estar desplegada en
Afganistán, Yibuti, océano Índico, Uganda y Líbano. Por cierto,
el aumento de la partida para este año (3,3 millones), hace
prever, al menos, una retirada parcial: más dinero para
logística. Es hora de que otros países asuman
responsabilidades.
3. LA POLÍTICA: España es el cuarto país contribuyente en número
de militares con unos 1.075 efectivos, tras Italia (1.810),
Indonesia (1.456) y Francia (1.303). Por cierto, Nepal es el
quinto con unos 1.020 efectivos. Ni EE.UU. ni Reino Unido
participan. Con estos compañeros de “viaje” (algunos de los
cuales lanzan velados ataques a nuestra situación económica)…
¿qué rédito político internacional espera sacar España en una
misión de la ONU? Que se nos expliquen claramente si existen.
Desengañémonos, más allá del buenismo, las misiones
internacionales son ante todo instrumentos de política
exterior.
4. LA GEOGRÁFICA: ISRAEL-SIRIA-IRÁN: ¿Alguien cree que si Israel
e Hizbolá no vuelven a la gresca se debe a que hay 12.000
soldados desplegados en el sur del país? Oriente Próximo ha sido
siempre un polvorín y "el país del Cedro" su paradigma de
complejidad. La “guerra civil” de facto en Siria, histórico
influyente en Beirut, añade más inestabilidad si cabe a las
fronteras. El programa nuclear iraní, principal preocupación de
Tel Aviv, añade más incertidumbre. Israel no tomará ninguna
decisión (respecto a Hizbolá tampoco) hasta pasadas las
elecciones estadounidenses. En unos meses España corre el riesgo
de quedar empantanada en un conflicto para el que no ha sido
requerida.
5. LA MISIÓN ESTÁ CUMPLIDA: España debe estar orgullosa por la
profesionalidad y labor de sus militares en Líbano. Aunque con
tensión creciente en la zona y alguna que otra escaramuza, las
hostilidades abiertas cesaron. No podemos estar en Líbano toda la
vida (como en Afganistán o cualquier otro escenario de
conflicto). Queda por ver cuán robusta y frágil es la situación
si finalmente la situación estalla en Siria. Entre las
actividades de cooperación cívico-militar que llevan a cabo
nuestros soldados se encuentran el desminado, clases de español o
apoyo sanitario a la población. Sin duda, la misión para la que
se nos requirió en 2006 está cumplida. Ahora hace falta una
retirada consensuada y acordada con los aliados (Francia e
Italia, principalmente).
http://www.abc.es/blogs/tierra-mar-aire ... -12113.asp
Urge reformar el CNI
By Marcel (Administrador)Una de las novedades que tuvo mejor acogida cuando el pasado 22 de diciembre Mariano Rajoy dio a conocer el organigrama de su Gobierno fue delegar en la vicepresidenta y ministra de Presidencia, Soraya Sáenz de Santamaría, el control del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
El organismo pasaba de esta manera de estar adscrito en el Ministerio de Defensa al de Presidencia. Un cambio necesario, que siempre ha sido bien visto desde la cúpula militar, y que hoy tiene más sentido que nunca por el papel fundamental que debe jugar la inteligencia en un entorno de falta de recursos para dotar en condiciones óptimas el resto de instrumentos de seguridad y defensa.
Cuanto menos gasta un país en su defensa, más debe hacerlo en sus servicios de inteligencia. Pero ya han transcurrido más de dos meses y el Gobierno, para sorpresa de propios y extraños, aún no ha encarado uno de los nombramientos más esperados y relevantes del Estado: el del director general del CNI, cargo que ostenta el general Félix Sanz Roldán, un hombre que ha ocupado y ha sido designado para los más altos cargos relacionados con Defensa desde que el PSOE volvió a La Moncloa en 2004.
Pero es que, además de que el Gobierno ha estado ocupado en los problemas derivados del déficit y del paro, más urgentes y prioritarios en la agenda de Rajoy, también confluye una circunstancia que ha obligado a Sáenz de Santamaría a llevar sus nuevas atribuciones con la máxima discreción: el Rey Juan Carlos ve con muy buenos ojos la permanencia de Sanz Roldán al frente de los Servicios Secretos.
En cualquier caso, el Partido Popular, según testimonios recogidos por LA GACETA, no renuncia al relevo al frente del CNI ni a una reforma a fondo de sus estructuras. En primer lugar, porque no ha habido en España otro organismo –desde su constitución como Cesid en 1977– que haya estado ligado a más escándalos. Desde su papel en el 23-F o el atentado del 11-M, hasta el oscurantismo impuesto por Bono y Saiz, que volvió a poner al CNI bajo sospecha de corrupción, o el regreso de un militar, que pasó directamente del máximo mando en el Ejército a la dirección de los servicios de Inteligencia. Un cambio políticamente muy relevante.
Durante todo este tiempo, el CNI no se ha distinguido precisamente por su claridad, tampoco por su eficacia. De ahí la necesidad de afrontar una reforma. En primer lugar, para acabar con el monopolio informativo del CNI. El hecho de que la seguridad sea global, no quita para que España deba dotarse de un servicio de inteligencia destinado al exterior y otro diferente al interior. Además, claro está, de una Inteligencia militar específica para Defensa, y de unos servicios de información policiales que en la lucha contra ETA se han mostrado más que suficientes, como ha mostrado con creces la Guardia Civil.
Y en segundo lugar, que el CNI dependa de Presidencia y no de Defensa, y que al frente esté una persona que conozca la agenda internacional y que despache directamente con el presidente del Gobierno. Dos aspectos importantes para una España que se la va a jugar en el exterior en los próximos años, y en la que los Servicios de Inteligencia pueden ser claves para llevar a buen puerto los retos del nuevo Gobierno o convertirse en un foco de problemas. Y ni España ni Rajoy están para tener en el CNI problemas, sino soluciones. Y eso pasa por una reforma urgente.
De la mili a los grandes cuarteles generales
By Marcel (Administrador)
El cambio experimentado en Andalucía dentro del ámbito de la
Defensa durante las tres últimas décadas ha sido inmenso. Tan
descomunal que ha pasado desapercibido para la gran mayoría de
sus habitantes, aunque resulte paradójico. Tal vez esa
circunstancia refrende una afirmación de Tsun-zu: “Sutil e
incorpóreo, el estratega experto no deja huella. Obra tan
divinamente misterioso que es inaudible”.
De forma menos elevada y casi por reducción a lo absurdo, cabe
simplificar esa gran transformación enunciando que se ha pasado
de lo fofo a lo vacío. Antes que tal simplificación se
malinterprete, conviene explicar que, durante gran parte del
siglo XX y especialmente en la década de los ochenta, el credo de
EEUU y la OTAN era una doctrina estratégica conocida por FOFA
(acrónimo inglés de Follow On Force Attack / Ataque contra las
Fuerzas Seguidoras, las siguientes a las de vanguardia). Y a esa
OTAN acababa de incorporarse España (1981) y de nombrar a su
primer representante en el Consejo del Atlántico Norte
(1982).
Los postulados FOFA priorizaban atacar y destruir a las fuerzas
del segundo escalón -y de los siguientes consecutivos, si se
dejan- que el oponente pueda lanzar sobre un teatro de
operaciones. Esa destrucción descansaba sobre los modernos
sistemas de misiles y buscaba quebrar la alimentación de la
batalla, al privar de suministros y tropas de refresco a la
vanguardia o primer escalón adversario. Tal planteamiento
estratégico bien pronto se va a traslucir sobre el territorio
andaluz, como lo hará sobre toda una nación que rondaba los
350.000 hombres en armas, pero de los cuales un 67% eran
conscriptos; o sea, prestaban servicio militar de forma
obligatoria y la mayoría con poco entusiasmo.
Las potencias occidentales habían aprendido de sus últimos
escenarios bélicos que el mayor número de soldados no determina
la victoria de un ejército. El poderío lo brindan unas fuerzas
bien entrenadas, motivadas y equipadas, dotadas de una logística
eficaz y con la sensación de sentirse respaldadas por su
ciudadanía. Algo poco compatible con un panorama donde más de la
mitad de los uniformados permanecían alistados por obligación,
desmotivados ante la interrupción de sus empleos o estudios
durante un año y medio de su vida y recelosos de las motivaciones
de sus oficiales, pues el fallido golpe de Estado del 23-F
alimentó esa desconfianza.
La aplicación doctrinal de la OTAN tuvo efectos inmediatos. Se
redujo rápida y progresivamente el número de tropas. Se modificó
la estructura de los órganos de mando (desaparición entre otras
de la Capitanía de la Región Militar 9 en Granada, 1984). Y
finalmente se concentró la mayoría de efectivos castrenses en el
área más próxima a la zona de riesgo (Sur y Este peninsular,
Canarias, Ceuta y Melilla).
Sin embargo, la extensión geográfica de Andalucía fue
determinante para esa metamorfosis. Esta comunidad autonómica iba
a convertirse en la punta de lanza de la proyección estratégica
atlantista y española. A fines de la década de los noventa, esa
redistribución territorial estaba muy avanzada tanto en efectivos
terrestres como en los navales, pues las principales y más
modernas unidades de superficie de la Armada pasaron a tener base
en el sur; mientras los submarinos permanecían dentro del teatro
operativo del Mediterráneo.
Uno de los hitos más palmario de esta redistribución es la
creación en Sevilla del Cuartel General de la Fuerza Terrestre
(2006). Dicha jefatura la asume un teniente general y adquiere
nivel de Cuerpo de Ejército (mando sobre un rango superior a
30.000 hombres), varias de cuyas brigadas y regimientos
operativos no se ubican físicamente en Andalucía.
Idéntica metamorfosis se produce en el ámbito de la Armada, al
radicarse en Rota (Cádiz) la Jefatura de la Flota (mando supremo
de los navíos y unidades de combates navales o aéreas),
construyéndose un nuevo edificio para el Almirante Jefe de la
Flota y su estado mayor, actualmente al mando de los dos grupos
de acción naval españoles.
Al comenzar el siglo XXI, Andalucía concentraba ya a los dos
principales cuarteles generales operativos de las fuerzas de
Tierra y Marina españolas, pero ese no fue el final de la suma.
En Rota acabó radicado también uno de los acuartelamientos
esenciales de la OTAN, el Cuartel General Marítimo de Alta
Disponibilidad, que además de sus dependencias propias y un
estado mayor multinacional, dispone de un buque de mando
específico. Más recientemente, se trasladó de Madrid a San
Fernando (Cádiz) la Comandancia General de la Infantería de
Marina, que rige a una fuerza de élite de 5.000 infantes con
constante presencia en misiones internacionales desde hace dos
décadas.
Esa transformación física se acompaña de un amplio incremento en
la formación profesional e intelectual de los militares
españoles. Cualquier periodista que visitara un acuartelamiento
en 1982, descubría pronto la grave carencia idiomática (en la
OTAN el idioma de trabajo es el inglés) de jefes y oficiales, lo
que les incapacitaba para asumir el mando en misiones conjuntas,
pese a su cualificación. Hoy día, la situación es diametralmente
opuesta. Los oficiales generales, oficiales y suboficiales de
cualquiera de las tres armas suelen expresarse en inglés y
algunos con tal fluidez que parecen bilingües. Y al menos un
cincuenta por ciento de la tropa y marinería profesional lo hace
también sin problemas. De otra parte, raro es el trimestre que un
militar español no asume mandos de alta responsabilidad en
misiones u organismos extranjeros.
Y aquí es donde entra en juego la segunda acepción de la síntesis
de lo fofo a lo vacío. La culminación de este despliegue en
Andalucía encaja con una transformación doctrinal de la OTAN, que
ha ido progresivamente abandonando los postulados FOFA para
asumir la doctrina estratégica del campo de batalla vacío.
Enunciada por sir Basil Liddell Hart bajo el axioma de la
aproximación indirecta, esta última propugna “progresar por las
zonas de mínima resistencia, para provocar la dislocación física
del enemigo, evitando la guerra de desgaste”.
Finalmente, otra de las transformaciones más radicales es la
percepción de la industria de defensa en Andalucía como generador
de actividad económica. En la década de los ochenta, los
sindicatos con mayor implantación en la metalurgia y las grandes
industrias llegaron a distribuir entre sus afiliados una copia de
la declaración de la renta donde figuraba un apartado reclamando
no destinar una sola peseta recaudada a gastos militares. Hoy
día, esos mismos sindicatos urgen al Gobierno a ejecutar las
grandes partidas presupuestarias que permitan mantener las cargas
de trabajo en los principales centros industriales de
armamento.
Algo nada extraño. Sólo los programas como el Eurocaza
(Eurofighter), las fragatas F-100, el avión de transporte militar
A-400, el carro de combate Leopard, el vehículo táctico Pizarro o
los buques de acción marítima (BAM) suponen un desembolso mínimo
de 20.500 millones de euros. Puede resultar paradójico, pero
también el ya citado Liddel Hart, capitán británico de carros de
combate antes de dedicarse al periodismo -le iban las misiones de
riesgo y mal pagadas- fue conocido entre sus coetáneos como “el
militar bolchevique”. La vida tiene esos giros extraños.
De idas y venidas
EL Convenio entre España y Estados Unidos sobre Cooperación en
Defensa, suscrito en 1998 y revisado en 2002, fija el número de
personal y aeronaves que las fuerzas armadas norteamericanas
pueden estacionar en las denominadas Instalaciones de Apoyo
(IDA). En Andalucía, estas son las bases de Morón y Rota.
Según el documento, EEUU puede desplegar permanentemente en Morón
500 militares de su fuerza aérea, 75 civiles y 15 aeronaves. Para
Rota el nivel de despliegue acordado es de 4.250 militares, mil
funcionarios estadounidenses y 36 aeronaves: 18 de patrulla, 13
de reconocimiento y 5 para entrenamiento o servicios
administrativos. En casos excepcionales, se autoriza un
estacionamiento temporal de otros 900 militares de US Navy
(marines incluidos), 1.300 de la USAF y otros 85 del US
Army.
Dicho acuerdo permitió que, durante las guerras contra Libia,
Irán, Iraq y Afganistán, Estados Unidos haya movilizado efectivos
a través de esas bases. Por la de Morón transitan principalmente
reactores, entre ellos los famosos bombarderos invisibles B-2
Spirit, o los modernos cazas furtivos F-117 Nigthawk, como
ocurrió en el 2003. [Un inciso divertido. Muchos periodistas
traducen dramáticamente Nigthawk por Halcón Nocturno, una
criatura de ficción, cuando la palabra equivalente en español es
chotacabras, una vulgar ave nocturna. Causa más impacto escribir
sobre "los temibles halcones nocturnos" que sobre los "temibles
chotacabras", pues el personal se lo toma a choteo.]
Rota se ha convertido en la principal base del Mando Aéreo de
Movilidad de la USAF y del Mando de Preposicionamiento Marítimo
del Cuerpo de Marines en Europa. También es el aeródromo por el
que circulan los aviones logísticos y experimentales en tránsito
hacia zonas calientes. Su puerto y aeropuerto reciben o
despachan, primorosamente empaquetadas por cierto, las
sofisticadas UAV o aeronaves espías y de ataque no tripulado. Lo
mismo sucede con las lanchas de asalto de los SEAL (si se escribe
“focas” no parece igual), uno de cuyos destacamentos, el Equipo
10, permanece estacionado en la Base con frecuencia.
Gran Bretaña, por su parte, mantiene en Gibraltar un arsenal
clase X para submarinos. El eufemismo designa a una instalación
para reparar sumergibles nucleares averiados. Recientemente
constituyó un Grupo Paracaidista de Asistencia a Submarinos
(SPAG), para brindar ayuda de rescate en evacuación a dichos
navíos. Las Fuerzas Armadas Británicas ejecutan además
entrenamientos habituales antiterroristas y con misiles
aire-tierra. (El diario Europa Sur del Grupo Joly fue el único
medio español autorizado a cubrir un ejercicio con misiles Rapier
en 1989).
El valor ante la crisis de valores
By Marcel (Administrador)
Los versos de Calderón resuenan en nuestros oídos: «Aquí la
más principal hazaña es obedecer, y el modo cómo ha de ser es ni
pedir ni rehusar. Aquí, en fin, la cortesía, el buen trato, la
verdad, la fineza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito,
la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la
obediencia; fama, honor y vida son caudal de pobres soldados, que
en buena o mala fortuna la milicia no es más que una religión de
hombres honrados». Alguien recuerda aquel artículo 12 de las
Ordenanzas de Carlos III, aún vivo: «El militar cuyo propio honor
y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco
para el servicio; el llegar tarde a su obligación, aunque sea de
minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos de las
fatigas que le corresponden y el contentarse regularmente con
hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante
cosa alguna, son pruebas de gran desidia e ineptitud para la
carrera de las armas».
¿Es esto «lo militar»? SÍ, es «lo militar». Tradición y valores,
servidores de sus ciudadanos, así son los militares hoy como
antes, poniendo el servicio a sus compatriotas por encima de
cualquier otro objetivo hasta el límite de entregar su vida por
ellos, por su defensa y seguridad, así lo juramos, y esta
decisión, disposición y actitud está enmarcada por los valores
que cultivamos y defendemos, valores y tradición, tradición y
valores.
Tres son los elementos que conforman la espina dorsal de estos
valores, caracterizan a las Fuerza Armadas y en nuestras vigentes
Reales Ordenanzas, al igual que en las anteriores, constituyen
nuestra esencia.
Disciplina, obedecer lo mandado. Sólo eso, pero nada menos que
eso. La disciplina que en las Fuerzas Armadas se inculca y se
practica puede exigirnos el mayor de los sacrificios, obedecer si
fuese preciso hasta entregar la propia vida, y eso marca una
notable diferencia con la disciplina en otros ámbitos. Pero esa
obediencia no es ciega, no se buscan autómatas, se quieren
soldados de cuerpo y alma. Esta obediencia obliga a mandar con
responsabilidad, con la clara conciencia de que existen límites
marcados por la dignidad de la persona, el ordenamiento legal y
el derecho internacional de los conflictos armados. Por todo
ello, es fácil comprender que si difícil es obedecer, mucho más
resulta mandar, pues además de la responsabilidad que conlleva el
mando, siempre se obedecen y asumen órdenes o preceptos
superiores.
En este esquema de mando y obediencia es necesario que cada uno
sepa el puesto que ocupa en el seno de las Fuerzas Armadas, y eso
lo establece el orden jerárquico. La jerarquía define nuestra
situación relativa en cuanto a mando, subordinación y
responsabilidad.
Sólo falta el tercer elemento, el que hace que en lugar de un murmullo desafinado podamos constituir un coro armónico, la Unidad. Unidad es asumir solidariamente nuestro objetivo en común. Para ello debe importarnos lo que le pase al compañero, lo que le ocurra al superior, lo que le suceda al subordinado. Y nos incumbe y preocupa, pues todos somos uno y porque nuestra fuerza está en el conjunto, no en el individuo, el compañerismo se convierte en objeto de culto entre nosotros, compañerismo hacia los del mismo empleo, pero también una profunda lealtad con nuestros superiores y subordinados, esta última, en ocasiones, más difícil de practicar que la primera, lealtad que obliga a una relación clara, sincera, crítica y siempre sujeta a la disciplina.
Disciplina, orden jerárquico y unidad. En estos tres conceptos
estriba la diferencia, el valor añadido de unas Fuerzas Armadas
como las nuestras, que sirven cada día a todos los
españoles.
¡Ya lo decía Calderón!: «Aquí la necesidad no es infamia; y si es
honrado, pobre y desnudo un soldado tiene mayor calidad que el
más galán y lucido; porque aquí a lo que sospecho, no adorna el
vestido al pecho, que el pecho adorna al vestido. Y así, de
modestia llenos, a los más viejos verás, tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos».
Fernando García Sánchez,
Almirante Jefe de Estado Mayor de la Defensa
Afganistán: "Vas a matar y a que no te maten"
By Marcel (Administrador)En Afganistán el único paso que no mata es el que ya has dado", cuenta un soldado español que participó en la misión. Legías, paracas, cazadores de montaña... Los soldados de Infantería son la primera línea del Ejército español, los que con frecuencia recorren el terreno lejos de la protección de las bases más grandes, como Herat o Qala i Naw. "De misión de paz nada. Allí vas a matar y a que no te maten". Los ojos azules de Ángel (nombre ficticio) se emocionan cuando habla de su trabajo: "Yo puedo contar cómo es esa guerra. He estado en las bases avanzadas pegando tiros. Más allá de eso no hay nada". A unos kilómetros de una de esas bases, en Ludina, en la provincia de Badghis, murió el pasado 6 de noviembre el sargento primero Joaquín Moya Espejo. La última de las 97 bajas que ha sufrido el Ejército español en la misión de Afganistán.
La hostilidad contra las tropas españolas se multiplicó desde que desplegaron destacamentos a lo largo de las dos rutas que recorren la provincia rumbo a Bala Murghab en el norte, la zona más peligrosa de la región. Sang Atesh, Ludina, Moqur o Darra i Bum son los nombres de algunas de las bases españolas en zonas de dominio talibán. Son los destinos más mortíferos: después de los accidentes aéreos del Yak-42 y el Cougar, que causaron 79 víctimas mortales, la mayor parte de las bajas sufridas por el Ejército español han sido en las misiones de los destacamentos en las bases avanzadas.
Durante las estancias en estos puestos avanzados los tiros se convertían en rutina. Tras días viviendo entre sacos terreros, los soldados se habitúan a oír los disparos que restallan a 700 u 800 metros. Es el sonido de la guerra. Desde su puesto, Ángel se acostumbró a buscar el blanco en el fogueo de los Kaláshnikov: "Tenemos una ladera y no sabemos de dónde vienen los tiros. De repente dejas de oírlos". Eso es todo. ¿Están muertos? ¿Se han ido? ¿Solo heridos? No recogen los cadáveres, así que nunca tienen la certeza de haber causado una baja. Aun así, Ángel reconoce que cuando dejaban de oírse los disparos solo tenía un pensamiento: "Me cargué a ese hijo puta. Uno menos".
Joaquín Moya Espejo no podrá pensarlo nunca más. Una bala se coló cerca de la axila, en una zona no protegida por el chaleco antifragmentos que llevaba. Las placas de cerámica que cubrían el pecho no sirvieron para evitar que un proyectil dejara a su hijo huérfano de padre. La bala era de un arma ligera, probablemente de Kaláshnikov. Es un fusil de asalto, diseñado en la Segunda Guerra Mundial, que heredaron de la ocupación soviética. Arcaico pero eficaz: las ventajas de armamento de los ejércitos occidentales se acortan sobre el terreno. Se sienten expuestos como marionetas en un teatro de títeres: "Nosotros tenemos que hacer puntería, ellos solo tenían que apuntar a la base". En uno de esos ataques demasiado cercanos lograron coger a dos talibanes. ¿Se alegraron en el cuartel? "Pregúntaselo al que no vuelve, o al que vuelve sin piernas: los hubiéramos preferido muertos".
Recuerda aquel día como un momento peligroso, pero sonríe. La adrenalina coloca y mata el aburrimiento. Lo peor de Afganistán es tener tiempo para pensar, para echar de menos. Los problemas familiares, la hipoteca, las crisis con la pareja, allí se viven como ultimátums. La batalla ahoga los problemas: "Lo único que piensas es en dónde está, para matarlo". Una droga que engancha. "Vamos a por él", se decía Ángel. "Olvidas tener miedo. Mientras estás allí disparando lo único que tienes en la cabeza es: 'A ver si pillo a ese cabrón, que mañana puede matar a un amigo".
Este militar no alcanza los 25 años, pero ya ha participado en las misiones españolas del Líbano, Kosovo y Afganistán. Él, como el resto de sus compañeros, solo accede a hablar sin nombre. Ni foto, ni lugares precisos, ni fechas. En un tablón de cuartel donde trabaja, cuelga un cartel con una advertencia: hablar sin autorización tiene una pena, el despido. Muchos piden que no se revele su nacionalidad o su edad exacta, nada que los identifique. "Mira, es que el castigo no es un arresto. Es que te largan. Y yo vivo de esto". El undécimo mandamiento del soldado: no hablarás con periodistas.
La misión afgana es un agujero informativo, pese a que el contingente español que lucha con las fuerzas de la OTAN (ISAF) es de 1.552 combatientes. Con medio millón de habitantes (similar a Cáceres), Badghis, la región controlada por España es una de las provincias menos atacadas por la insurgencia, que se hace fuerte al sur, en la zona limítrofe con Pakistán. Pero también es la más pobre. "En algunas partes de la provincia en las que estamos trabajando no quieren venir ni los afganos", cuenta por teléfono David Gervilla, el actual responsable de AECID, la agencia de española de cooperación y desarrollo que lleva a cabo los programas de reconstrucción de la provincia. Durante los cuatro o cinco meses que duran los relevos, la mayoría de los soldados españoles están destinados en la base aérea de Herat, que suministra a la zona oeste, o en Qala i Naw, la capital de Badghis, la región al noroeste del país que está bajo el control de España. "Estar allí es casi como en un hotel", bromea Ángel, que vivió sus estancias en Qala i Naw como unas vacaciones.
Las condiciones extremas del clima complican las cosas. En Afganistán hay dos ciclos, el de la naturaleza y el de la insurgencia, y uno mueve al otro. En el invierno el frío hace difícil moverse, hasta para los talibanes. Con el deshielo llegan los ataques y las tormentas de arena, que "convierten el día en noche" en cuestión de minutos. "Ves cómo la nube de arena se va comiendo las casas y tienes tres minutos para recogerlo todo antes de que engulla también tu refugio", recuerda impresionado Luis, soldado ecuatoriano destinado en Qala i Naw.
"No tenemos un Ejército capaz de mantener el número de enviados", dice Jorge Bravo, presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME). Bravo no teme que se publique su nombre: "Ya he perdido el miedo". Militar en la reserva, lejos le quedan a este brigada los seis primeros años en el Ejército, cuando el conseguir un contrato fijo depende de los informes de los superiores. Tampoco le preocupa perder los complementos de dedicación especial. "La realidad es que allí se dispara. Matas y te hieren. Te hacen emboscadas, no ataques preventivos".
"El año 2014 queda demasiado lejos", afirma Bravo. Es la fecha que las fuerzas de la OTAN han pactado para culminar la retirada gradual de las tropas, aunque España comenzará a disminuir el número de soldados en Badghis a partir del verano de 2012, según anunció la semana pasada la ministra de Defensa en funciones, Carme Chacón.
Mientras la fecha llega, en Afganistán se juegan la vida. A medida que los sistemas de seguridad que llevan los ejércitos avanzan, la insurgencia aumenta la carga y neutraliza la ventaja defensiva. Los kaláshnikov marcan el compás de los ataques, pero la verdadera arma de la guerrilla es silenciosa. Son los explosivos improvisados (IED) los que convierten cualquier desplazamiento en una muerte potencial.
Los Lince y los RG-31 desfilan en los convoys de vehículos, son los dos modelos que Defensa compró en 2007 para jubilar los BMR. La mejora es notable, pero a la hora de la verdad todo es cuestión de suerte: "Mira, si te atacan con fusilería puedes defenderte. Pero si hay un IED... Eso no puedes verlo. Un día nos cogió uno que se activaba a distancia, pero [los talibanes] no calcularon bien. Los cogió por detrás, y el coche salió disparado unos metros, pero no pasó nada".
"Seamos sinceros, no somos los yanquis. Pero es que ellos casi pueden elegir vehículo y el arma con la que quieren tirar cada vez", dicen dos jóvenes que regresaron de Afganistán hace más de dos años. España invierte un 0,50% del PIB en Defensa; Estados Unidos, un 4,04%. "No nos podemos comparar con ellos, ni queremos: para lo que invierte nuestro país en defensa, no nos podemos quejar". Los americanos tienen zonas de responsabilidad más peligrosas, sin embargo el índice de mortalidad es proporcionalmente menor. Haciendo una cuenta simple, sin tener en cuenta las rotaciones de personal: con un destacamento actual de 100.000 hombres, el Ejército norteamericano ha sufrido 1.500 bajas desde que comenzó en 2001 la misión de combate como represalia por el atentado de las Torres Gemelas. Es decir, un porcentaje del 1,5%. En cambio, la milicia española, que aporta 1.500 enviados a la misión de reconstrucción de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, controlada por la OTAN desde 2003) por mandato de la ONU, ha perdido a 97 hombres: un 6,4%.
Algunos soldados españoles envidian el equipo de los estadounidenses, hasta el punto de que se compran material a través de páginas web americanas. Ángel explica que es una práctica bastante corriente entre sus compañeros, pero que el equipo comprado tienen que disimularlo o esconderlo cuando pasan revista, pues no es reglamentario. Él se ha comprado unas botas y varias fundas para los cargadores, pero ahora está pensando en adquirir un casco. "No sirve para pegar tiros", resume. Seguridad o movilidad es la disyuntiva que se repite siempre. Los cascos del Ministerio de Defensa español alargan la protección en la nuca, por lo que "al echar cuerpo a tierra y disparar se pierde toda la visibilidad". En más de una ocasión, Ángel eligió quitarse el casco pese al peligro: "Yo voy a Afganistán a pegar tiros, si tengo que elegir entre un casco que me cubra toda la nuca y disparar... Prefiero disparar".
Sobre la chimenea del salón de su casa, Vanesa tiene una vaina de 12,7 milímetros. Es de uno de los primeros cartuchos que disparó en Afganistán. Fumaba a escondidas de su superior, sabía que era un peligro y que incumplía una orden, pero son muchos los soldados que se las ingenian para callar el vicio. Caladas furtivas, el pitillo en un poto para que el fuego no los convierta en un blanco fácil. Mientras se refugiaba en la parte trasera del vehículo vio que algo brillaba. Se puso en alerta y tal vez eso le salvó la vida. Pronto empezaron los disparos. Vanesa es una mujer atractiva. Fuerte, pero pequeñita: "Nunca puedo cargar la [ametralladora]12.7 si no estoy en un momento eufórico. Es demasiado pesada para mí". Aquel día la cargó a la primera.
Es colombiana, cerca de los 30. De las cosas que más le marcaron de su estancia en el país fue la situación de las mujeres. "Tenía que enseñarles mi coleta para que vieran que soy mujer, pero ni así se calmaban. Nada más verte se arrodillaban. El castigo era terrible si las veían hablando con un soldado", recuerda Vanessa.
Ella entró en el Ejército como parte de ese 9% máximo de efectivos extranjeros que sirven a España. ¿Hipócrita luchar por un país que no es suyo? "Todo lo contrario, España me ha dado mucho más que Colombia". Pero el mito de los papeles pesa. Alfredo, boliviano, de poco más de 20 años, se metió al Ejército para conseguir la nacionalidad española, pero tal vez hubiera seguido el mismo camino de haber estado en Bolivia. Ni la cerveza logra relajar la firmeza de su mirada. La rectitud de la pose permanece intacta a lo largo de la entrevista, como si no supiera hacer nada más que ser soldado.
Le gustaría volver al país asiático antes del repliegue de las tropas en 2014. Ahora en España siente que cuando el peligro era real había mayor confianza por parte de los superiores: "En la batalla no hace falta que te digan lo que tienes que hacer, un buen soldado lo sabe. Allí la vida de quien está al mando depende de la tuya tanto como la tuya de él".
El objetivo final de la misión de paz es que las milicias den la seguridad necesaria para construir colegios, levantar hospitales y dar a los agricultores una alternativa al opio. Pero la realidad es que, en ocasiones, la corrupción no permite que el dinero invertido llege a la población y a menudo sienten el rechazo de los afganos. A veces les tiran piedras o se tapan la nariz a su paso para no respirar el mismo aire. "La gente espera más de los militares", afirma Salem Wahdat, el segundo de la Embajada afgana en Madrid. Es un enamorado de la lengua española y está convencido de que apreciarán el esfuerzo con el tiempo: "Van a decir gracias, al menos los afganos aprenderán a decir eso".
Los soldados son profesionales. Luchan por un salario, pero lo hacen con la bandera en el uniforme. ¿Se sienten los colores de España en el frente? "Sientes la vida de tu compañero, es o ellos o tú", dice Ángel. En medio están las balas. Reconocen que cuando aprietan el gatillo solo piensan en volver juntos a casa, pero creen que no se valora su gesto: "No soy un facha, soy un soldado. Me gustaría sentir más reconocimiento en España, sentir que voy a Afganistán y muero porque sirvo a mi gente".
La Infantería española y su patrona
By Marcel (Administrador)¿Desprecia Defensa a nuestros soldados en Afganistán?
By Marcel (Administrador)Los soldados se juegan la vida. El ejército propone recompensas. El Ministerio de Defensa se las niega. ¿Por qué?
Un equipo de tiradores del ejército español es atacado por intenso fuego de ametralladora pesada. Los talibanes hostigan sin cesar. Los españoles aguantan. Al cuarto ataque consecutivo, un cabo sale de su pozo de tirador, corre treinta metros bajo el fuego enemigo, llega a una ametralladora y corrige el tiro para suprimir a los talibanes. Otro cabo, mientras tanto, avanza bajo los disparos enemigos y llega hasta los talibanes causándoles serias bajas. Esto ocurrió el pasado mes de diciembre. Ambos soldados españoles fueron propuestos para la cruz al mérito militar con distintivo rojo. Defensa rebajó la recompensa a una mera citación en la orden general. Y aún tuvieron suerte, porque Defensa desdeña sistemáticamente las propuestas de recompensa que el ejército pide para sus hombres. Hay muchas historias como esa de los dos cabos. Pero el Gobierno las oculta. El Ministerio de Defensa ha rechazado tres cruces rojas a militares que se expusieron a fuego enemigo para salvar una operación. También se la negó al tirador, un cabo primero, que eliminó al líder de los talibanes, el mullah Rashid. En números totales, el 84 por ciento de las solicitudes de cruces al mérito militar terminan en la papelera o rebajadas hasta lo despreciable. Lo ha contado nuestro compañero Diego Mazón en La Razón. La pregunta es: ¿Por qué? Sin duda, porque Defensa no quiere dar la impresión de que lo de Afganistán es una guerra. Los perjudicados por esa absurda política son en primer lugar nuestros soldados, a los que se escamotea el reconocimiento que merecen. La sociedad española no entiende este desprecio de Defensa a nuestros militares.
