La batalla del Peñón de Frigiliana (o de Bentomiz) fue un episodio de la Rebelión de las Alpujarras, en junio de 1569, en la localidad de Frigiliana, en la actual provincia de Málaga. La rebelión morisca que había estallado en la Navidad de 1568 llegó a Bentomiz en abril de 1569. El 11 de junio de 1569, Luis de Requesens, al mando de 6000 hombres desencadena una ofensiva que acabaría con la derrota morisca.
Por la gravedad y la intensidad de sus combates, la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), fue denominada como "Guerra de las Alpujarras". Felipe II quedó sobrecogido ante las masacres de sacerdotes llevadas a cabo por los rebeldes. La abundante población morisca del Reino de Granada se alzó en armas en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba sus libertades culturales. Vencida la sublevación, se decidió deportar a los moriscos supervivientes a varios puntos de Castilla, cuya población morisca pasó de veinte mil a cien mil personas.[2]
Por iniciativa del arzobispo de Granada Pedro Guerrero, convencido de que mientras los moriscos mantuvieran sus costumbres y tradiciones no podrían llegar a ser verdaderos cristianos, se reunió en 1565 un sínodo provincial de los obispos del reino de Granada.[3] Estos acordaron cambiar la política de persuasión —se abandonaron los términos evangelización, predicación, catequización— para hablar exclusivamente de represión. Se reclamó la aplicación de las medidas que habían quedado en suspenso en 1526, lo que significaba la prohibición de todos los elementos distintivos de los moriscos como la lengua, los vestidos, los baños, las ceremonias de culto, los ritos que las acompañaban, las zambras, etc. Además los obispos pidieron al rey que se extremaran las medidas de control, proponiendo que en los lugares de moriscos se asentaran al menos una docena de familias de cristianos viejos, que sus casas fueran visitadas regularmente los viernes, sábados y días festivos, para asegurarse de que no seguían los preceptos coránicos, y que se vigilara estrechamente a los moriscos notables para que diesen ejemplo, y que a los hijos de estos «Vuestra Majestad los mandase llevar y criar en Castilla la Vieja a costa de sus padres para que cobrasen las costumbres y Cristiandad de allá y olvidasen las de acá hasta que fuesen hombres».[4]
Estas propuestas fueron discutidas por una junta de juristas, teólogos y militares reunida en Madrid (en la que participó el duque de Alba) que acordó recomendar al rey que aplicara las prohibiciones acordadas por la junta reunida en Granada en 1526 y que el rey Carlos I había dejado en suspenso a cambio de los 80 000 ducados que le entregaron los moriscos granadinos. Inmediatamente después de la reunión de la junta fue nombrado Pedro de Deza presidente de la Chancillería de Granada, un personaje cuya actuación encrespará los ánimos de los moriscos, como reconoció don Juan de Austria en una carta enviada al rey en la que le dice que su «manera de proceder... con esta gente» «es cierto muy contraria á la que ha convenido y conviene llevar».[5]
Felipe II dio finalmente su aprobación y el resultado fue la pragmática de 1 de enero de 1567. Los moriscos intentaron negociar la suspensión, como ya lo hicieron en 1526, pero esta vez el rey se mostró inflexible y así se lo comunicó el cardenal Diego de Espinosa, presidente del Consejo de Castilla e Inquisidor General, a una delegación enviada a Madrid e integrada por el cristiano viejo Juan Enríquez, acompañado de dos notables moriscos, Hernando el Habaqui y Juan Hernández Modafal. También fracasaron las gestiones llevadas a cabo por Francisco Núñez Muley ante Pedro de Deza —quien le contestó que las razones que había expuesto «eran las antiguas y no bastantes para revocar la pragmática»—,[6] e incluso las del Capitán General de Granada, Íñigo López de Mendoza y Mendoza, III marqués de Mondéjar, ante el cardenal Espinosa.[7]
En cuanto se conoció el fracaso de estas gestiones, los moriscos de Granada, como relató un cronista, «comenzaron a convocar rebelión». Hubo reuniones secretas en el Albaicín para prepararla y las autoridades empezaron a detener moriscos que creían implicados. E incluso se hicieron planes para expulsar a los moriscos del reino y reemplazarlos por cristianos viejos. Como han señalado Antonio Domínguez Ortiz y Bernard Vincent, «estamos ya muy lejos de la época en que se discutía sobre las modalidades de la asimilación; ahora se trataba de llegar a una asimilación inmediata y total (que implicaba la muerte de una civilización) o de la expulsión».[7]
Las sospechas de Felipe II y la corte sobre la lealtad de los súbditos moriscos, unidas a la obsesión de la monarquía por la uniformidad religiosa, a cuyo fin funcionaba la inquisición, crearon un amplio malestar entre los moriscos. Tras un año de infructuosas negociaciones, la población morisca granadina decidió levantarse en armas en 1568.[8]
Sobre el desarrollo de la guerra existen tres grandes relatos coetáneos de gran valor: el de Luis de Mármol Carvajal, el de Ginés Pérez de Hita y el de Diego Hurtado de Mendoza, quien participó en la campaña militar.[9]
En la literatura
Pedro Calderón de la Barca en 1659 escribió el drama histórico Amar después de la muerte, o El tuzaní de la Alpujarra dedicado a la rebelión.
A mediados del siglo XIX el prolífico Manuel Fernández y González publicó una novela titulada Los monfíes de las Alpujarras, ambientada en la revuelta, con numerosas ilustraciones.
Esta rebelión aparece en la obra Philip II, del hispanista estadounidense William Thomas Walsh, 1937.
En 2009, Ildefonso Falcones publicó la novela La Mano de Fátima, cuya trama tiene como entorno la rebelión de los moriscos.
Los acontecimientos de la novela El aroma de la esperanza (2021) del escritor granadino Manuel Estévez Goytre, tienen lugar durante esta rebelión.
El escritor accitano Pedro Antonio de Alarcón escribió su obra La Alpujarra, en la que cuenta un viaje por esas tierras acompañado de todos los hechos históricos durante la rebelión morisca.
Referencias
- Clodfelter, 2017, p. 13.
- Kamen, 2011, p. 216.
- Caro Baroja, 2000, pp. 156-157.
- Domínguez Ortiz, 1993, p. 32.
- Caro Baroja, 2000, p. 157.
- Caro Baroja, 2000, p. 160.
- Domínguez Ortiz y Vincent, 1993, p. 33.
- García de Cortázar, s/f, p. 291.
- Domínguez Ortiz y Vincent, 1993, p. 37.
Bibliografía
- Calderón de la Barca, Pedro (2008). Amar después de la muerte, o El tuzaní de la Alpujarra. Cátedra. ISBN 978-84-376-2465-5.
- Caro Baroja, Julio (2000) [1976]. Los moriscos del Reino de Granada. Ensayo de historia social (5ª edición). Madrid: Istmo. ISBN 84-7090-076-5.
- Clodfelter, Michael (2017). Warfare and Armed Conflicts: A Statistical Encyclopedia of Casualty and Other Figures, 1492-2015, 4th ed (en inglés). McFarland. ISBN 978-0786474707.
- Domínguez Ortiz, Antonio; Vincent, Bernard (1993) [1979]. Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-2415-2.
- García de Cortázar, Fernando (s/f). Atlas de Historia de España.
- Kamen, Henry (2011) [1999]. La Inquisición Española. Una revisión histórica (3ª edición). Barcelona: Crítica. ISBN 978-84-9892-198-4.
- Sánchez Holgado, José Ramón (2019): La puesta en valor del paisaje de la Sierra de Los Guájares en la memoria de la rebelión de las Alpujarras. Revista Espacio, Tiempo y Forma, Serie VI
- Geografía, pp. 241-264, ISSN 1130-2968, eISSN 2340-146X.
Fuente: Wikipedia