La construcción del Valle de Cuelgamuros —conocido durante décadas como Valle de los Caídos— constituye uno de los temas más debatidos de la historiografía española contemporánea. La controversia no se centra únicamente en el significado político del monumento, sino también en el uso de mano de obra penitenciaria durante su construcción entre 1940 y 1958. Las investigaciones recientes han permitido corregir muchas afirmaciones simplificadoras que durante años circularon en el debate público.

¿Cuántos presos y cuántos trabajadores libres participaron?

La cifra de «20.000 presos políticos» trabajando simultáneamente en la obra no está respaldada por la documentación conservada. Esa cantidad procede en realidad de estimaciones sobre el total de personas que pudieron pasar por las obras durante casi dos décadas, incluyendo obreros libres, técnicos, especialistas y presos en distintos momentos.

La documentación del Patronato de Redención de Penas indica que el número de presos empleados osciló normalmente entre 500 y 800 según las fases de la construcción, con un máximo documentado cercano a 770 reclusos en 1948. A lo largo de los años en que existió destacamento penal (aproximadamente entre 1943 y 1950) habrían pasado por Cuelgamuros entre 1.800 y 2.000 presos.

En paralelo trabajaron siempre obreros libres contratados por las empresas constructoras. Los estudios disponibles sitúan el número total de trabajadores simultáneos —sumando presos y libres— normalmente entre 1.500 y 3.000 personas, dependiendo del momento de la obra.

El sistema de redención de penas

Los presos no formaban parte de los antiguos batallones disciplinarios de la inmediata posguerra, sino que estaban integrados en el sistema de «redención de penas por el trabajo». Este mecanismo permitía reducir la condena mediante el trabajo remunerado. Inicialmente la reducción era de dos días de condena por uno trabajado, aunque posteriormente llegó a ampliarse hasta seis días de reducción por cada jornada laboral.

La cuestión de si este trabajo puede considerarse plenamente voluntario es objeto de debate historiográfico. Algunos autores sostienen que los presos solicitaban su traslado porque las condiciones eran mejores que en las cárceles ordinarias y obtenían beneficios penitenciarios importantes. Otros historiadores señalan que la existencia de una condena y la necesidad de reducirla limitaban seriamente la libertad real de elección, por lo que consideran que hubo una forma de coerción estructural.

¿Cuánto cobraban?

Aquí existe una diferencia importante entre el salario oficialmente asignado y el dinero que el preso recibía directamente.

Las empresas constructoras pagaban por los presos cantidades equivalentes a las de trabajadores libres de la misma categoría profesional. Sin embargo, ese dinero no llegaba íntegramente al recluso. Una parte se destinaba al Estado para sufragar manutención y costes penitenciarios; otra se enviaba a la familia; otra se acumulaba en una cuenta para entregarse al finalizar la condena; y solamente una fracción era percibida directamente por el preso para gastos personales.

Por tanto, es correcto afirmar que el salario teórico era similar al de los trabajadores libres, pero también que el dinero disponible para el preso en su vida cotidiana era considerablemente menor debido a las deducciones establecidas por el sistema penitenciario.

Condiciones de trabajo

Las condiciones laborales fueron duras, como ocurría en gran parte de la construcción española de los años cuarenta y cincuenta. El trabajo se desarrollaba en una zona montañosa, con inviernos fríos y tareas de excavación, cantería y transporte de materiales pesados. Los testimonios coinciden en que el invierno era especialmente difícil.

No obstante, la documentación disponible no describe un régimen comparable al de un campo de concentración. Los presos trabajaban junto a obreros libres, realizaban tareas similares y estaban sometidos a horarios laborales semejantes a los de la construcción de la época.

Los accidentes laborales existieron y algunos resultaron mortales, aunque el número exacto continúa siendo discutido por los investigadores debido a las diferencias entre fuentes documentales y testimoniales. La elevada peligrosidad derivaba sobre todo de las voladuras, los andamios y los trabajos de excavación de la basílica en la roca.

Alimentación y descanso

La alimentación recibió una atención especial porque el rendimiento físico era esencial para la obra. Los responsables técnicos establecieron dietas que rondaban las 3.000–3.500 calorías diarias, una cantidad relativamente elevada para la España de posguerra, marcada por el racionamiento y la escasez alimentaria.

Las empresas constructoras asumían parte importante del coste de la manutención. Algunos documentos del Patronato indican que la alimentación de los trabajadores representaba un gasto superior al que cubrían las subvenciones estatales, por lo que las empresas completaban la diferencia.

Respecto al alojamiento, muchos presos residían en barracones colectivos construidos en el propio valle. Las condiciones eran austeras, pero disponían de electricidad y servicios básicos. Los barracones podían albergar entre cuarenta y cincuenta internos.

Una característica poco frecuente para la época fue que numerosos presos pudieron convivir con sus familias en poblados construidos junto a la obra, donde existían escuela, economato, iglesia y servicios sanitarios. Esta situación diferenciaba Cuelgamuros de otros destacamentos penales del primer franquismo.

Valoración histórica

La investigación actual tiende a rechazar dos interpretaciones extremas. Por un lado, no parece sostenible la imagen de decenas de miles de presos sometidos a un sistema de exterminio o esclavitud comparable al de los campos nazis. Por otro, tampoco resulta suficiente describir el trabajo penitenciario como una relación laboral ordinaria, ya que los trabajadores estaban privados de libertad y condicionados por la necesidad de reducir sus condenas.

La interpretación más aceptada entre los especialistas sitúa el Valle dentro del sistema penitenciario franquista de redención de penas: un modelo que combinaba castigo, explotación económica, reducción de condena y ciertos incentivos materiales para los reclusos. Las condiciones fueron generalmente mejores que las de muchas cárceles de la posguerra, pero siguieron siendo las de una población penitenciaria sometida a un régimen autoritario.

Características arquitéctonicas más relevantes:

El Valle de los Caídos (actualmente denominado oficialmente Valle de Cuelgamuros en muchos documentos públicos) es uno de los conjuntos monumentales más grandes construidos en España durante el siglo XX.

Características arquitectónicas
Basílica excavada en la roca: La característica más singular es que gran parte del templo está excavada directamente en el interior de una montaña de granito. La nave principal tiene una longitud aproximada de más de 250 metros, lo que la convierte en una de las iglesias excavadas más grandes del mundo.
Cruz monumental: Sobre la montaña se levanta una enorme cruz de hormigón y piedra de unos 150 metros de altura. Durante décadas fue una de las cruces más altas del mundo y puede verse desde muchos kilómetros de distancia.
Estilo arquitectónico: Combina elementos del clasicismo monumental, la arquitectura religiosa tradicional y una estética de gran escala característica de ciertos proyectos oficiales de mediados del siglo XX. El conjunto busca transmitir solemnidad, permanencia y monumentalidad.
Explanada y acceso ceremonial: Frente a la basílica hay una gran explanada abierta diseñada para acoger actos multitudinarios. La disposición del espacio crea una fuerte perspectiva visual dirigida hacia la entrada del templo y la cruz.
Esculturas monumentales: En la base de la cruz se encuentran grandes grupos escultóricos de piedra que representan figuras religiosas. Estas esculturas fueron realizadas por el escultor español Juan de Ávalos.
Abadía y dependencias anexas: El complejo incluye una abadía benedictina, hospedería y otros edificios de servicio integrados en el entorno natural de la sierra.
¿Cuánto tiempo tardó en construirse?

La construcción comenzó en 1940, poco después de finalizar la Guerra Civil Española, y la inauguración oficial tuvo lugar en 1959.

Por tanto, el proyecto tardó aproximadamente 19 años en completarse. Ese largo periodo se debió a varios factores:

La enorme escala de las obras.
La excavación de la basílica dentro de la montaña.
Las dificultades técnicas para levantar la cruz monumental.
La construcción de carreteras, infraestructuras y edificios auxiliares.
Las limitaciones económicas de la España de la posguerra.
Dimensiones destacadas
Cruz: alrededor de 150 m de altura.
Basílica: más de 250 m de longitud.
Complejo situado a unos 1.300 m de altitud sobre el nivel del mar.

Desde el punto de vista arquitectónico e ingenieril, el Valle de Cuelgamuros es una obra de dimensiones excepcionales. Sin embargo, también es un lugar muy controvertido por su vinculación histórica con la dictadura de Francisco Franco y por el debate sobre el uso de trabajadores presos durante parte de su construcción.

ATENCIÓN - Tienes que ser miembro de Amigosdelamili.com para poder participar y escribir con los demás.

PINCHA AQUÍ Y ÚNETE YA A Amigosdelamili.com

Enviarme un correo electrónico cuando me contesten –