En enero de 1939, el general Vicente Rojo jugó su última carta para frenar a Franco en Cataluña, en un enfrentamiento olvidado en Valsequillo que provocó unos diez mil muertos y redujo a cenizas varios pueblos cordobeses

Hace un cuarto de siglo, ABC visitaba Valsequillo, «un pueblo tocado de muerte», aseguraba. Lo reflejaba también su padrón: en 1954, el municipio situado a cien kilómetros al norte de Córdoba tenía censados 2.400 habitantes, de los cuales solo quedaban 470 cuando se publicó el reportaje en 2001. Se había producido un descenso de más del 80% de su población desde los tiempos de la posguerra como consecuencia del gran éxodo rural que se produjo en las décadas de 1950 y 1960. «El personal se va, aquí no hay nada», «la gente prepara a sus hijos para que se vayan», «algunos resistimos el temporal como podemos» y «no sé qué será del pueblo en 20 años», lamentaban sus vecinos.

Según contaban, en el municipio cordobés solo quedaban tres bares y dos tiendas de comestibles, y el único taller mecánico que sobrevivía acababa de cerrar. Por si fuera poco, el 70% de su población tenía más de 65 años. Eso significa que la mayoría vivió uno de los episodios más trágicos y olvidados de la Guerra Civil: la batalla de Valsequillo. 'La agonía de un pueblo blanco', rezaba el titular, pero en realidad era su segunda sentencia de muerte si atendemos a este enfrentamiento que, entre el 5 de enero y el 4 de febrero de 1939, arrasó las calles de esta localidad y redujo sus casas a cenizas. Con una diferencia: de este, nadie habló.

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Respuestas

  • En realidad la culpa fue de esos mismos altos mandos del ejército republicano, que tan brillantes se creían y que luego solo sabían culpar a los mandos de tropa, que no podían avanzar frente al fuego enemigo. Para los altos mandos todo eran flechas en los mapas que llegaban hasta donde ellos querían. Rojo, Miaja y varios más, unos incompetentes endiosados por la propaganda republicana. Sus fracasos siempre eran de los demás.

    • Los socialistas son así, nunca pagan la fiesta y tampoco cometen errores, la culpa es de los fascistas.

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