audaz hasta emprender lo temerario,
y más valiente en cuanto más pelea.
En rústica mochila que blanquea
lleva su pan, su equipo y salario,
y al cuello el bendito escapulario,
el culto a la Virgen de su aldea.
Semejante al pedazo de metralla
que el cañón a los aires abandona
sucumbirá ignorado en la batalla,
pero si el triunfo su favor pregona,
para el que lucha y sufre y vence y calla,
¿no ha de tener la Patria una corona?