Anecdotas Legionarias 4

El Teniente Ballarin:

Una columna de unos 1.500 soldados marroquíes pertenecientes a las FAR (Reales Fuerzas Armadas) estuvo casi a punto de entrar en combate contra la Legión por una chulería de los moros y que solo se resolvió por la diplomacia y la firmeza del Ejército Español, demostrando con ello la virilidad y firmeza propias de aquellos tiempos.
El Gobernador Militar del Sahara y Jefe del Sector, el general Héctor Vázquez estaba enterado de la operación mora, los marroquíes iban a entrar en territorio español en una columna de unos 100 camiones y unos 1.500 hombres del ejército regular, perfectamente uniformados y armados con armamento portátil para tomar posesión del Cabo Juby, Tarfalla para ellos, y aquello no se les iba a permitir de ningún modo.
Un grupo de combate de caballería y la II Bandera del Tercio iban a cogerles en una tenaza mortal una vez hubieran penetrado unos 8 Kms en territorio español.
El mando ordena que un grupo de combate integrado por la 7ª Compañía de la II Bandera, una sección de ametralladoras y otra de jeeps de la caballería lleguen a la zona asignada en la línea fronteriza de Sequen sobre la pista de Tan Tan, en el borde del Sahara Español, todo ello al mando del capitán Carlos García Escribano, con órdenes tajantes de situarse unos 8 Kms. al sur de la frontera y dejar pasar a los militares marroquíes para detenerles en el punto y utilizar el fuego con todos los medios disponibles a su alcance.
Para ello es destacado en un jeep de exploradores el teniente de la Legión Álvaro Ballarin García con un conductor, un operador de radio y un guía nativo saharaui, un tal Ali, de los Grupos Nómadas de Policía.
Ballarín se situó a unos cuatro kilómetros al norte del resto del grupo de combate en medio de la pista y al más puro estilo de las películas de suspense esperó la llegada de la columna "enemiga".
Sobre las primeras horas de la tarde aparece la vanguardia de la columna Ufkir. Varios jeeps al mando de un teniente de las FAR rodean al vehículo español, que marca el límite de la frontera. Tras dialogar ambos oficiales, los moros se sitúan a unos 500 metros del jeep español y esperan a que llegue el grueso de su columna.
Al poco aparece el propio jefe, el comandante Ufkir acompañado este por algunos miembros de su estado mayor y por un capitán médico marroquí, que hablaba español perfectamente y que hace de traductor.

Comandante Ufkir: - ¿Qué hace aquí?
Teniente Ballarin: -Sencillamente, señalar la frontera del territorio español.

Se entabla un diálogo entre ambos militares que parece que no va a llevar ninguna parte. El Comandante Ufkir le explica que debe dirigirse a Cabo Juby donde al día siguiente debe rendir honores al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Reales Marroquíes, el Príncipe Muley Hassan, y que precisa atravesar territorio español. Ballarin le responde que no puede pasar y que él solo cumple órdenes.

Comandante Ufkir: -Si se opone a mi paso, suya será la responsabilidad, ya que ambos gobiernos han llegado a un acuerdo para utilizar esta parte de pista en territorio español.
Teniente Ballarín: - Acepto la responsabilidad. Por aquí usted no pasa.

Ufkir abandona el lugar y vuelve al grueso de la columna para volver al poco y comunicar a Ballarin que no le importa que las tropas españolas escolten su columna hasta Villa Bens, pero que él va a pasar por allí.

Teniente Ballarín: - Eso es una violación de la frontera. Por aquí no pasa.
Comandante Ufkir: - Bien, esperamos a que caiga la noche y atravieso por la pista para así no ver el dispositivo de defensa español.
Teniente Ballarin: - No. Esas no son mis órdenes. Por aquí no pasa ni de día ni de noche.
Comandante Ufkir: -Esta bien, Hable usted por radio con su Alteza personalmente.
Teniente Ballarín: - No tengo órdenes para hacer eso. Ni hablo, ni pasa usted.

La tensión está subiendo de tono y Ufkir se retira para hablar personalmente con Hassan, que ya estaba en Agadir esperando se le comunicara la entrada en Tarfalla para hacerla él con toda pompa y solemnidad. Nueva conversación en el lugar donde, imperturbable, el teniente Ballarín y su comando aguardan pacientemente ya bajo el frío de la noche del desierto.

Comandante Ufkir: - Mire, teniente, según mis cálculos esto no es el paralelo 27º 40’, lugar de la frontera española, así que no está usted en el lugar adecuado.

El Teniente Ballarín ante la vista de unos dibujos a mano alzada se niega a aceptar aquello. La conversación va cambiando, ante la partida de frontón, a otros derroteros y el comandante moro acaba por invitar a cenar al teniente legionario, que acepta cortésmente para ganar tiempo.

Pero de repente aparece un jeep marroquí con cuatro militares a bordo a toda velocidad y con los faros encendidos se lanza por la pista rebasando al vehículo español. El Teniente Ballarin se pone a increpar al Comandante Ufkir y le conmina a que detenga el jeep u ordenará abrir fuego a la fuerza que tiene apostada unos metros más atrás. El Comandante Ufkir da una orden y varios soldados marroquíes hacen sonar sus silbatos a todo meter. El jeep intruso da la vuelta y un sargento detiene el vehículo ante ellos diciendo que iba a repostar al camión cisterna y que en la oscuridad de la noche ha equivocado la dirección. Ha sido un farol del Comandante Ufkir para averiguar las verdaderas intenciones y la firmeza de la Legión española.
Pero ha estado a punto de provocar una refriega con muertos entre dos ejércitos de dos naciones soberanas. Está amaneciendo y a la posición del Teniente Ballarín llega otra vez el Comandante Ufkir.

Comandante Ufkir: - Lo he pensado bien y he decidido pasar. O por las buenas o por las malas pasaré con mi columna.
Teniente Ballarín: - De lo que ocurra, y ocurrirá, la responsabilidad será suya y solo suya.
Comandante Ufkir: - Si hay muertos, se quedarán aquí. El que estén dentro de territorio español es algo que no me importa.

Y se fue dando la media vuelta. Se está mascando la tragedia. Al cabo de media hora y ya amaneciendo varios camiones salen de la columna marroquí y se detienen ante el jeep de Ballarin. Van llenos de civiles saharauis vestidos con ropas de civil y le comunican que la columna militar va a pasar con ellos delante. Llega otra vez Ufkir. Aquello es el cuento de nunca acabar.

Teniente Ballarin: - No me parece ni correcto ni militar que un ejército regular, para cumplir su misión, ponga como carnada en vanguardia a un grupo de paisanos. Y, además, ya me tiene usted harto.

El Teniente Ballarín saca la cartografía militar española y le muestra al comandante moro la situación en la que se encuentran. Paralelo 27º 40’. Se cuadra ante el Comandante Ufkir.

Teniente Ballarin: - Mi comandante, espero que no quede duda alguna del punto donde nos encontramos, ni ignorancia que pretextar en el caso de continuar el avance de la columna. Y vista su actitud me retiro sobre mis fuerzas. Toda la responsabilidad recaerá sobre usted porque pararemos su avance con nuestros carros de combate. Eso sí, en territorio español.

El Teniente Ballarín establece comunicación por radio desde el jeep con el jefe del grupo de combate, Capitán García Escribano, que está a unos 90 Kms. de allí en Sequen. El grupo del Capitán Escribano inicia la marcha hacia la columna mora con la intención de abrir fuego con toda su potencia. Como última salida, un avión español T-6 arroja sobre la posición del Teniente Ballarín una cápsula con un mensaje para entregársela al comandante de la columna enemiga:

“Si avanzáis al sur del paralelo 27º 40’ os destrozamos con la aviación"

Así de clarito y tajante. Al atardecer de ese día, 11 de abril de 1958, la columna marroquí se retiró hacia Tan Tan abandonando material logístico sobre la arena del desierto español.
El grupo de combate español se componía de nueve escuadras de fusiles ametralladores, una sección de ametralladoras ligeras y el resto, legionarios armados con fusiles. Unos 100 hombres.
La columna marroquí eran unos 1.500 hombres, incluso con varias piezas de artillería.
Pero no contaban con la decisión del Ejército español, mandado en aquellos parajes por el general Héctor Vázquez y la valentía del Teniente de la Legión Álvaro Ballarin Garcia, dispuesto a enfrentarse si hubiera sido necesario a fuerzas superiores


Pascual Sánchez Soler

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