Artículos de la mili - Cuéntanos cómo fue tu mili

Tal día como hoy, pero de 1769, en los actuales Estados Unidos de América, el explorador español Gaspar de Portolá descubre la Bahía de San Francisco. Curiosamente la bahía de San Francisco apareció en las crónicas y en las cartas de navegación dos siglos antes de ser descubierta. La leyenda de la existencia de un gran refugio en el Septentrión Novohispano alentó expediciones y recreó mitos en la cartografía. Sucesivas expediciones por mar buscaron sin éxito el misterioso enclave que los mapas recogían sin demasiada definición
De entre los muchos españoles que dejaron su huella indeleble en la épica conquista de Norteamérica, hay uno que, quizás más olvidado que los otros, administró con sabiduría para su rey una extensión de más de un millón de kilómetros cuadrados en el balcón del Pacifico, hoy llamado California y en su tiempo configurada casi íntegramente por la Baja y la Alta California .
Cuando llegó a México hacia 1764, Gaspar de Portolá era ya un experimentado militar curtido en Italia y en la campaña de Portugal durante la Guerra de los Siete Años, conflicto en el que, inicialmente y para variar, estaban enzarzadas una vez más Francia e Inglaterra.
Discreto, eficiente, humilde y buen funcionario en toda la extensión de la palabra, este hombre era un compendio de virtudes que aunaba bajo un uniforme militar los mejores valores. Para el monarca, era un súbdito leal y de confianza probada. Este soldado leridano, compañero y amigo fiel de Fray Junípero Serra, fue enviado por el marqués de Croix, virrey de Nueva España, al mando de un regimiento para pacificar la región de Sonora hacia el año del Señor de 1767
En 1542 el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco organizó una expedición para efectuar reconocimientos en la costa exterior californiana con el fin de demarcarla. Se designó al piloto Juan Rodríguez Cabrillo para dirigir la empresa. A bordo del San Salvador y el Victoria, Cabrillo partió el 27 de junio de 1542 hacia el norte de la península californiana.
Aunque la expedición de Cabrillo tuvo que navegar frente a sus costas, bien por la bruma, bien por la oscuridad nocturna, la bahía de San Francisco no fue vista por los tripulantes del San Salvador pero sí se había conseguido ampliar el saber geográfico y poner sobre los mapas las costas de la que será titulada como Alta California, así como descubrir la Bahía de San Diego.
A finales del siglo XVI, los objetivos de la Monarquía en el Pacífico Septentrional se concentraban en la ocupación de las Filipinas; campaña que pudo consumarse con el descubrimiento de la ruta de tornaviaje por Andrés de Urdaneta (1565) y la instauración de la ruta Manila-Acapulco (1568) con el célebre Galeón de Manila. Desde entonces, el Noroeste adquirió un nuevo interés para España: la preservación de tan importante ruta comercial. Las autoridades temían que la costa se convirtiera en refugio de saqueadores que trastocasen la ruta comercial atraídos por el tránsito del galeón de Manila. Las sospechas se confirmarían con la entrada en escena de los corsarios Francis Drake (1578) y Tomas Cavendish (1587)
Se sabe que Drake estuvo fondeado por allí. La localización exacta del puerto donde ancló el capitán Drake ha sido asunto de controversia y varios emplazamientos han sido propuestos como el punto donde fondeó el Golden Hind y donde se dice que Drake colocó "un gran poste en el que clavó una moneda de seis peniques" dedicando aquella tierra a la reina de Inglaterra.
Las narraciones que se sucedieron tras su regreso a la Gran Bretaña dieron cuenta de aquel amarre, pero sin aclarar la ubicación precisa del estratégico puerto. Las autoridades sajonas habían decidido iniciar una campaña de confusión, mediante la transmisión de contradictorias referencias espaciales. Las noticias del itinerario y del puerto de Drake, en lo que se llamó Nueva Albión, se propagaron rápidamente por Europa y los impresores actualizaron los nuevos mapas. La maquinaria propagandística británica funcionó y, a comienzos de 1580, el holandés Nicola van Sype grabó la primera carta con la ruta de circunnavegación de Drake en donde aparece por vez primera el topónimo Nova Albión. Jodocus Hondius, imprimió en 1595 un mapamundi con los viajes de Drake y el posterior de Cavendish, consagrando el genérico de Nueva Albión para la Alta California y exagerando una generosa bahía como fondeadero del corsario
A finales del siglo XVI, el indeterminado lugar donde Drake y sus hombres "permanecieron durante un mes y medio, haciendo acopio de madera y agua, carenando igualmente el barco”, se había convertido en una leyenda y en un problema para la Corona española que se sintió amenazada en el Pacífico y hubo de emprender una campaña de consolidación y defensa de sus posiciones en el Océano.
La estrategia consistió en explorar y demarcar la costa, mejorando los mapas para impedir accidentes y naufragios; buscar puerto para dar descanso y proveer de agua y alimentos a los galeones de la ruta de Manila y encontrar un lugar en la costa apropiado para edificar un presidio de refugio y defensa.
La presencia de José de Gálvez en el Noroeste fue esencial para la organización de las expediciones (dos marítimas y dos partidas terrestres) que tuvieron como objetivo principal la ocupación de los dos puertos recomendados por Vizcaíno a principios del siglo XVII: San Diego y Monterrey con el objetivo de consolidar la presencia española en la Alta California y así evitar el desembarco de colonos ingleses y rusos. La llegada al primero no revistió problemas, ya que San Diego fue fácilmente identificado (por el ya mencionado Rodríguez Cabrillo). En cambio, no ocurrió lo mismo con Monterrey, por las escasas y equívocas señales con las que se había descrito.
José de Gálvez lo eligió para comandar la expedición militar que ocupó San Diego y Monterrey en 1769 y 1770, primer capítulo de la colonización española de la Alta California. Dicha expedición estaba dividida en dos secciones: una marítima (con dos barcos, el San Antonio y el San Carlos, que navegaron de forma separada) y otra terrestre. Esta última también se dividió en dos partes: la primera estaba mandada por el capitán de la Compañía de cuera de Loreto Fernando de Rivera y Moncada. Llevada en su compañía al franciscano Juan Crespi, al pilotín José Cañizares, veinticinco soldados y numerosos indios de las misiones jesuitas. La segunda fue mandada por el gobernador Portolá, llevando en su compañía a fray Junípero Serra y al sargento José Francisco de Ortega. También formaban parte de la expedición varios soldados de cuera, criados e indios de las misiones, que guardaban las numerosas mulas que transportaban los víveres y otras cargas.
El grupo, que había salido de Loreto el 9 de marzo de 1769, siguió los pasos de la primera partida, alcanzando el puerto de San Diego el 29 de junio. Portolá y Serra se unieron con todos los expedicionarios de tierra y mar, aunque numerosos marinos estaban postrados a causa del escorbuto y varios sirvientes de las partidas terrestres habían huido durante el tránsito por la península de Baja California. Sin embargo, decidieron que un grupo prosiguiera las exploraciones para buscar el puerto de Monterrey, viaje que realizaron entre el 14 de junio y el 24 de enero de 1770
La última expedición salió hacia la Alta California el 21 de mayo de1769. La dirigía el primer gobernador de California don Gaspar de Portolá Rovira que fue nombrado comandante general de las expediciones. Fray Junípero Serra viajó con esta partida que marchó hacia el Norte, pensando que podría encontrar la verdadera bahía de Monterey, o en su defecto, la Bahía de San Francisco de Cermeño
Gaspar de Portolá no localizó el puerto de Monterrey y pasó de largo en dirección a lo que luego serían Santa Cruz y San Francisco. El 1 de noviembre de 1769, los expedicionarios terrestres describieron:
Divisamos desde la cumbre una Bahía Grande formada por una punta de tierra que salía mucho la Mar áfuera y parecia Isla, aserca de lo cual se engañaron muchos en la tarde antecedente. Mar afuera como al Oeste noroeste respecto a nosotros, desde el mismo sitio al Sudoeste de la misma punta, se divisaban siete Farallones blancos de diversa Magnitud. Siguiendo la Bahía por el lado Norte, se distinguían unas barrancas blancas, y tirando así al Nordeste se veía la boca de un Estero que parecía internarse la tierra adentro.
El 2 de noviembre un grupo de avanzada llegó a la cima de una colina y vio ante sí una gran extensión de agua. La expedición de Gaspar de Portolá Rovira acababa de descubrir la imponente bahía de San Francisco. En un primer momento no fueron conscientes de la magnitud de su encuentro; los exploradores lo identificaron con la bahía de Cermeño pero el puerto que al que acababan de llegar iba a ser mucho más trascendente a los intereses de la Corona que lo que la bahía de Monterrey jamás podría haber sido. Por su hermosa armonía, la abundancia de agua potable, leña y lastre, el clima frío, saludable y libre de las molestas nieblas, y la docilidad y afabilidad de los numerosos indios que encontraron, era un lugar más que perfecto para un asentamiento.
El 17 de septiembre de 1776 se establecía el Presidio, días después el padre Francisco Palóu consagraría la Misión a San Francisco de Asís El "Gran Puerto de San Francisco" como pasaría a conocerse la escondida bahía, fue definitivamente puesto sobre el mapa para orgullo de la Corona española y aunque las amenazas extranjeras continuarían truncando la calma del Pacífico, el soñado puerto se convirtió en la pasarela necesaria al Norte y a las Filipinas.
Como curiosidad hay que añadir que en la misma exploración en la que se descubrió la bahía de San Francisco, el padre Juan Crespí, cronista de la expedición, anotó la existencia de unos "árboles muy altos de color rojo" que recordaban a los cedros. "Estos árboles son muy numerosos en la región", proseguía Crespí. Como nunca se habían observado especímenes de esa especie, fueron bautizados escuetamente como "palos colorados", equivalente a "troncos rojos", denominación que luego dio origen el inglés "redwood".
La escueta anotación es la primera prueba documental del avistamiento por parte de europeos de secuoyas, o más concretamente de secuoya roja o de costa (Sequoia sempervirens). La primera descripción científica del árbol no llegaría hasta 1791, de manos del botánico checo Tadeas Haenke, científico a bordo de la histórica expedición Malaspina. Bajo una se esas secuoyas estableció Portolá un campamento durante la expedición denominando al lugar Palo Alto – actual capital de Sillicon Valley- en el Condado de San Mateo junto al llamado Portola Valley, lugares todos ellos que conservan en la actualidad el nombre de Portolá en lugares históricos, calles y colegios.
La expedición de Gaspar de Portolá estableció un campamento al pie de una inmensa secuoya que fue bautizada como el Palo Alto, denominación que con posterioridad dio nombre a la ciudad de Palo Alto y que perdura en nuestros días.
Posteriormente, la llegada de bastimentos a San Diego en el paquebote San Antonio el 23 de marzo, capitaneado por Juan Pérez, animó a Portolá a emprender nuevamente la búsqueda, esta vez por mar y por tierra. El resultado fue afortunado, tomándose posesión del puerto de Monterrey el 3 de junio de 1770. Siguiendo con las órdenes reales, se fundó un presidio y una misión bajo la advocación de San Carlos Borromeo.
Concluidos los trabajos, Gaspar de Portolá dejó el puerto de Monterrey el 9 de julio en compañía del ingeniero Miguel Constanzó y llegó a San Blas el 10 de agosto de 1770 a bordo del paquebote El Príncipe, comandado por Juan Pérez. En su lugar dejó al teniente Pedro Fages al frente del presidio de Monterrey. El rey le otorgó el grado de teniente coronel el 5 de enero de 1771 en atención a sus servicios. Carlos III lo nombró gobernador de Puebla de los Ángeles (actual Los Angeles) el 9 de junio de 1776 con 4.000 pesos de sueldo. Además, el monarca lo ascendió a coronel de dragones por real cédula del 28 marzo de 1777. La hoja de servicio señala que: “desempeña lo que se le manda y tiene valor y conducta”.

 

2-11-2018

Pascual Sánchez Soler 3º/82

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Comentarios

  • ¡¡ Ole Ole Ole lo qué descubrimos los Españoles !!......Y en medicina no te digo nada y encima con poco presupuesto qué es donde está el mérito......jajaja

Esta respuesta fué eliminada.

Mi mili, asi fue mi mili

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