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¿Por qué no puede volver la mili?

Fue el 9 de marzo de 2001 cuando el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, pronunciaba unas palabras ya históricas: «Señoras y señores, se acabó la mili». De esta forma anunciaba que ya no habría más llamadas a filas y que el servicio militar obligatorio concluiría el 31 de diciembre de ese año.

Pero la suspensión de la mili venía de antes, concretamente de 1996 y del conocido como «Pacto del Majestic», con el que el PP de José María Aznar logró el apoyo de la ya extinta CiU para alcanzar La Moncloa. Entre las condiciones para ello estaba la supresión de la mili.

Con su suspensión se puso fin a más de 200 años en los que millones de jóvenes españoles se convertían en militares obligados. Se optaba así por un modelo de Ejército profesional que desde finales del siglo XX se fue extendiendo por numerosos países: Bélgica, Holanda, Alemania, Portugal, Reino Unido, Italia.... Pero también hay otros en los que se sigue manteniendo esa tradición, como es el caso de Austria, Finlandia, Estonia, Noruega o Suecia. De hecho, el Gobierno noruego incluyó en 2014 también a las mujeres en la mili y el sueco recuperó el servicio militar el pasado año.

Pero el entorno de defensa y seguridad actual es muy distinto al de hace 20 años y un servicio militar como el que existía entonces no sería útil en España, donde el número de efectivos de las Fuerzas Armadas (129.304 y 4.000 reservistas) garantizan que no haya necesidades de reclutamiento extra. Eso sí, en los últimos años se han escuchado voces que abogaban por implantar algún tipo de servicio militar. Como la del ex jefe del Cuartel General de Alta Disponibilidad de la OTAN en Bétera (Valencia), teniente general Rafael Comas, quien apuntó en 2014 que debería recuperarse «con otro formato» ante la «pérdida de valores» de la juventud.

Es el único motivo, el de los valores, que esgrimen los que se muestran en cierto modo partidarios de su vuelta, «porque operativamente no sería viable». Es lo que aseguran diferentes altos mandos encargados de la política de personal en las Fuerzas Armadas consultados por LA RAZÓN. «Implantar una mili como la que existía no sería operativo porque se tardan muchos meses en aprender a usar los sistemas de armas que tenemos y esos soldados se marcharían a los pocos meses». Además, hace 20 años España participaba en muy pocas operaciones en el exterior y ahora está presente en una quincena en los cuatro continentes.

Y los políticos piensan igual. Ciudadanos, a cuyo líder Albert Rivera comparan con Macron, no le parece «buena idea» recuperar la mili y en el PSOE ni se plantean retomar el debate. Mientras, desde el Gobierno apenas se han referido a este asunto, aunque el secretario de Estado de Defensa, Agustín Conde, consideró hace una semana que no es «factible»reinstaurar la mili. Algo parecido a lo que opinó la directora general de Política de Defensa, Elena Gómez Castro, quien tampoco lo vio con buenos ojos. Desde el Ministerio que dirige María Dolores de Cospedal son partidarios de «mantener las cosas como están» y, sobre todo, de reforzar la figura del reservista para no tener un Ejército con soldados forzados.

Así que, de momento, no volverá a verse a jóvenes asustados tallándose ni se hablará de objetores de conciencia o insumisos. Tanto los políticos como los propios militares consideran que unas Fuerzas Armadas profesionales son más efectivas que unas con militares obligados.

► Raúl Camacho / Reemplazo de 1999

«Fue muy positivo. Aprendí que nos necesitamos los unos a los otros»

«Quería ser militar profesional, pero mi madre me dijo que yo había hecho siempre lo que me daba la gana y que cómo me iba a poner a obedecer. Me convenció para que probase antes y opté por la mili voluntaria». Pasó 18 meses en la Academia del Aire de Zaragoza y considera que «fue una experiencia muy positiva. Conocí muchas cosas de mí a través de establecer límites, porque nunca me habían establecido límites», cuenta Raúl, que ahora tiene 36 años y es osteópata en la clínica «El Secreto». Reconoce que a los tres meses «ya sabía que no era mi lugar», pero le sirvió para aprender algo muy importante: «Aunque no queramos, las personas nos necesitamos unas a otras». De hecho, recuerda con cariño tanto a su «binomio» en la mili como a la primera persona que conoció, con quien aún mantiene el contacto. No apoya la vuelta de la mili «impuesta», porque «lo impuesto no siempre es constructivo». Pero sí defiende la opción de que «si alguien quiere vivir la experiencia, lo haga», incluso sus dos hijas: «Me parecería perfecto».





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