"Paño, Lienzo y Brin: una aproximación al estudio de la uniformidad española en Ultramar."
José Manuel Guerrero Acosta, Comandante de Ingenieros,
En: Revista de historia militar,
Madrid : Servicio Histórico Militar,
Año XLII Número 85 - 1998 , p. 111-136
Comienzo con las conclusiones. Afirma allí el Comandante de Ingenieros:
"La dispersión de la documentación relacionada con Ultramar, la destrucción de archivos, o la simple omisión de datos acerca de una cuestión que en muchas ocasiones se consideraba de segundo orden, dificultan, especialmente en este caso, el estudio de esta parcela tan clarificadora para la historia militar como es el vestuario llevado por los soldados (conocida ya cada vez más como uniformología), fiel reflejo de unas circunstancias históricas y de decisiva influencia en la moral y eficacia de un ejército.
"Intentar reconstruir cómo vistieron los soldados españoles en Ultramar no es tarea fácil. Las disposiciones oficiales, dictadas en ocasiones a miles de kilómetros de distancia, y sin considerar la extraordinaria diversidad de circunstancias de cada zona, sólo se cumplimentaban parcialmente. Los amplios poderes de virreyes y capitanes generales incluían la inspección general de las tropas allí destinadas, y por tanto la facultad de legislar sobre la uniformidad, dando como resultado una amplia diversidad de diseños y colores. Los intentos, por unificar el aspecto de estas tropas con las peninsulares de Carlos III con la Comisión de Vestuarios de Indias, y de Fernando VII con la Comisión de Reemplazos y el decreto de 1818, ya citado, sólo dieron resultados parciales. En cuanto a las últimas posesiones de Ultramar, la diversidad de uniformes existentes hacia la mitad del XIX no desaparecería hasta finales de siglo, debido a las tendencias a diferenciarse por parte de voluntarios y milicias, y a la multitud de proveedores y fabricantes (pueden verse anuncios de sastres de la época que confeccionaban rayadillo con géneros de Inglaterra)."
Afirma Guerrero Acosta en su estudio:
"Los rigores del clima habían hecho preciso el disponer de un denominado trage de campaña. Según Clonard, el Regimiento Ligero de Zaragoza, que había llegado a Cuba en 1850, usaba ya en 1852 un trage de campaña compuesto por: camisa de crea, blusa de coleta azul, pantalón y polainas del mismo género, sombrero de jipijapa, cantimplora con su cordón, canana y morral puesto en forma de mochila. La denominación de coleta azul se refería en Cuba a las prendas de lienzo color azul prusia, con líneas blancas del ancho de dos hilos a las urdimbres. Es decir, ya se usaba este tipo de tela (que sólo a final de siglo se denominaría rayadillo), y que no era otra que la utilizada para confeccionar los trajes de los campesinos y trabajadores de la isla."
El equipo de los reclutas se componía al embarcar de: "dos trajes de rayadillo, un chaleco de bayona, dos camisas, un par de zapatos guajiros, un par de borceguíes, bolsa de aseo, gorro de cuartel (cilíndrico), manta, macuto o morral con forro de gutapercha, vaso de lata y bota de vino. Se especificaba que el correaje negro debía tener las tres cartucheras adaptadas a la munición Mauser (...)"
Para la caballería, siete escuadrones, iban equipados de: "dos trajes de rayadillo, sable, borceguíes, gorro, morral de pan, fiambrera y bota para vino. Los sombreros de jipijapa se adquirían y se entregaban generalmente al llegar a Cuba. También se entregaba una manta de 3ª vida para la travesía. Por las fotografías de época sabemos que era muy común el uso de un pañuelo blanco anudado al cuello en campaña."
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BVD - Revista de historia militar, núm. 85, 1998, p. 111-136
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